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Por Carmen Millán | 🕘 17 minutos de lectura
Dejó atrás los estrenos, las alfombras rojas y una carrera junto a grandes figuras del cine para descubrir que su papel más importante estaba lejos de las cámaras. La maternidad, una enfermedad que la mantuvo dos años prácticamente postrada en una cama y una inesperada reinvención profesional han transformado su manera de entender el éxito.
Hay vidas que parecen escritas para el cine. La de Sanny podría ser una de ellas. Comenzó a actuar siendo apenas una adolescente, compartió experiencias con grandes nombres de la industria y se acostumbró a ese universo de rodajes, festivales y estrenos en el que tantas personas sueñan con entrar. Sin embargo, cuando parecía tenerlo todo, decidió cambiar de guion.
A los 40 años, un embarazo la llevó a replantearse sus prioridades. Junto a su pareja puso rumbo a Hawái, dispuesta a vivir la maternidad lejos del ruido de la industria cinematográfica. Lo que no podía imaginar era que una enfermedad posterior a la COVID-19 acabaría convirtiendo aquella nueva etapa en la prueba más dura de su vida.
Hoy, Sanny asegura haber encontrado otra forma de vivir y trabajar. Se ha adentrado en el negocio digital, dedica buena parte de su actividad a la comercialización de sistemas de tratamiento de agua Kangen y defiende una filosofía en la que el tiempo, la familia y la libertad personal ocupan el lugar que antes pertenecía al cine.
Habla con entusiasmo, se emociona al recordar los años más difíciles y no tiene reparos en reconocer que su escala de valores ha cambiado por completo. Lo que antes parecía imprescindible ahora le resulta secundario. Y lo que antes daba por sentado se ha convertido en su mayor tesoro. Su historia no es la de una actriz que simplemente abandonó el cine. Es la de una madre que descubrió el valor del tiempo cuando la enfermedad estuvo a punto de arrebatárselo
—Sanny, empecemos por el principio. Tu historia con el cine tiene algo de película. ¿Cómo llegó aquella primera oportunidad?
Empecé muy joven y, curiosamente, todo surgió gracias a mi madrina, la actriz Jennifer Rush. Un día, mientras la estaban maquillando para un rodaje, alguien de la productora comentó que llevaban tiempo buscando a una chica con unas características muy concretas y que no conseguían encontrarla. Mi madrina preguntó cuáles eran y, en cuanto se las describieron, pensó inmediatamente en mí. Así comenzó todo.
—Después llegaron los rodajes y la oportunidad de trabajar junto a grandes figuras de la interpretación. ¿Qué recuerdos guardas de aquellos años?
He tenido la enorme suerte de trabajar con grandes actores y actrices. Mi carrera ha sido muy divertida y la he disfrutado muchísimo. He vivido experiencias maravillosas, pero llegó un momento en el que sentí que quería algo diferente.
Cuando os conocí a vosotros, creo que ni siquiera yo sabía todavía que estaba embarazada. Tenía 40 años y recuerdo perfectamente cuál fue mi primer pensamiento: quería disfrutar de aquella experiencia al máximo. Se lo dije a mi pareja con toda naturalidad: «Vámonos a ser padres, a vivir otra aventura». Y nos fuimos a Hawái.
—No todo el mundo se atreve a abandonar una carrera consolidada para empezar de nuevo. ¿Sentiste vértigo?
Para mí era mucho más importante vivir aquella etapa de mi vida. Quería disfrutar de la maternidad, estar presente y descubrir otra manera de hacer las cosas. Sentía que había llegado el momento de cambiar mis prioridades.
—¿Y el cine? ¿Has cerrado definitivamente esa puerta?
No del todo, pero también es verdad que hacerse mayor dentro de esa industria no es fácil. Yo tomé una decisión: quería seguir siendo natural. Estaba cansada de escuchar propuestas para ponerme bótox o hacerme el tratamiento de turno.
No quería entrar en esa pelea perpetua contra el envejecimiento. Verte envejecer en una pantalla gigante, expuesta constantemente a la mirada de los demás, puede resultar complicado.
—Hablas de la maternidad como si hubiera marcado un antes y un después. ¿Qué ha significado para ti?
Es lo mejor que me ha pasado en la vida. Me he entregado completamente a mi papel de madre y he decidido hacer las cosas de una manera diferente.
Me cuesta aceptar que una personita que llega al mundo con tanta pureza tenga que adaptarse desde tan pequeña a un sistema regido por normas tan estrictas.
Empecé a pensar en la cantidad de horas que nuestros hijos pasan al cuidado de otras personas mientras nosotros estamos trabajando. Y pensé, un día crecerán, se marcharán de casa y quizá nos demos cuenta de que no hemos podido disfrutar de ellos todo lo que hubiéramos querido.

—Aunque para muchas familias conciliar no es una elección, sino una auténtica carrera de obstáculos.
Por supuesto. Soy plenamente consciente de que muchísimas madres tienen que dejar a sus hijos al cuidado de otras personas por necesidad. No siempre existe la posibilidad de elegir. Pero eso no significa que resulte fácil emocionalmente. A muchas nos duele tener que renunciar a ese tiempo con ellos.
Yo tuve claro que quería organizar mi vida de otra manera para poder estar presente.
—Y cuando estabas construyendo esa nueva vida familiar en Hawái, llegó la enfermedad. ¿Qué ocurrió?
Me puse muy enferma durante la pandemia. Estábamos viviendo en Hawái y la situación sanitaria era muy complicada. En el lugar donde nos encontrábamos había muy pocas camas disponibles y, si podías respirar, te mandaban a casa.
Empecé a sufrir síntomas extrañísimos. De repente me aparecía una mancha, estando sentada el corazón se me disparaba hasta las 160 pulsaciones, tenía náuseas, me encontraba fatal…
Acudí a distintos médicos intentando explicarles lo que me pasaba. Yo les decía que seguía teniendo síntomas relacionados con la COVID, pero entonces sentía que no me creían. Hoy se habla mucho más de la COVID persistente, pero en aquellos momentos fue desesperante.
—¿Qué resulta más difícil: afrontar una enfermedad o sentir que nadie encuentra una explicación a lo que te sucede?
La incertidumbre fue tremenda. Estaba desesperada. Empecé a buscar respuestas por todas partes. Visité médicos, sanadores, sacerdotes… Llegó un momento en el que estaba dispuesta a explorar cualquier camino que pudiera ayudarme.
También decidí estudiar. Hice un curso de medicina integrativa de dos años porque necesitaba comprender mejor lo que estaba viviendo.
—Cuando miras atrás, ¿qué es lo que más te duele de aquella etapa?
Sin ninguna duda, el tiempo que perdí con mi hijo.
La enfermedad me mantuvo prácticamente postrada en una cama durante dos años. Apenas podía moverme.
Y mientras tanto mi hijo crecía.
Es un tiempo que nadie me va a devolver. Puedes recuperar muchas cosas en la vida, pero los años de infancia de un hijo no vuelven.
—¿Hubo algún momento en el que pensaste que nunca recuperarías tu vida anterior?
Fueron años durísimos. Cuando estás tan enferma, las cosas más sencillas se convierten en desafíos enormes. Algo tan cotidiano como sacar al perro podía parecerme imposible.
—Sin embargo, llegó un momento en el que empezaste a notar cierta mejoría. ¿Cómo lo recuerdas?
Después de consultar a muchos médicos y probar diferentes productos, empecé a mejorar poco a poco. Hubo uno en particular con el que yo relacioné una mejoría importante y que, curiosamente, también acabaría siendo el primero con el que gané dinero a través de internet.
Recuerdo algo que todavía me emociona.
Durante mucho tiempo había sido incapaz de subir la cuesta de mi casa para sacar al perro. Un día iba caminando con mi marido, hablando tranquilamente, cuando de pronto me dijo: «Oye, ¿te has dado cuenta? Acabas de subir la cuesta».
Todavía se me pone la piel de gallina al recordarlo.
Para cualquier otra persona puede parecer una tontería. Para mí fue extraordinario. Era recuperar algo tan básico como caminar sin sentir que el cuerpo me abandonaba.
Y sentí que tenía que compartir mi experiencia con el mundo.
—¿Podemos hablar de una recuperación completa?
No. No estoy recuperada al cien por cien, pero he conseguido volver a llevar una vida normal gracias a diferentes cambios y a las cosas que, en mi caso, considero que me han ayudado.
Después de haber estado tan mal, poder hacer una vida normal es algo que valoro muchísimo.
—Y en mitad de ese proceso aparece un mundo que, aparentemente, no tenía nada que ver contigo: los negocios digitales. ¿Cómo se produce esa transición?
Yo soy una chica criada en España que no tenía ni idea de que existían todas estas posibilidades.
Al principio todo el mundo me decía que estaba loca. Imagínate, después de haber trabajado como actriz, ponerme a descubrir cómo funcionaban las ventas por internet.
Pero empecé a aprender y a trabajar en ello. Hoy gano mucho más dinero que antes y, para mí, lo más importante es que también puedo ayudar a otras personas a desarrollar su propia actividad y generar ingresos.
—Has centrado buena parte de tu trabajo en un producto muy concreto: los sistemas de agua Kangen. ¿Qué fue lo que te atrajo de ellos?
Me interesó mucho todo lo relacionado con el agua y sus características. Kangen es un sistema de tratamiento de agua que, entre otras cosas, produce agua con hidrógeno molecular disuelto.
Es una tecnología que lleva décadas comercializándose y con la que me siento muy identificada.
A mí me gusta compararla con la experiencia de beber agua de un manantial. También se habla de su utilización entre deportistas de élite y se mencionan nombres como Cristiano Ronaldo o Messi.
—¿Qué le dirías a alguien que siente curiosidad, pero que no conoce el producto?
Que me escriba. Me encanta hablar con la gente y explicar lo que hago. Estoy encantada de compartir mi experiencia, resolver dudas y contar cómo funciona.
Pueden contactar conmigo a través de mis redes sociales, en
@sannywithachanceof. Siempre intento encontrar tiempo para todo el mundo.

—¿Y qué hay detrás de ese entusiasmo? ¿El negocio, el producto o la vida que te permite llevar?
Todo está relacionado, pero no se trata solamente del dinero.
Lo verdaderamente importante es que puedo pasar tiempo con mi familia, organizar mis días, viajar por el mundo y hacer las cosas que quiero.
Además, me encanta enseñar a otras mujeres cómo pueden emprender y construir una alternativa profesional. Y por supuesto, todos los beneficios que este agua aporta.
—Hace diez años, ¿te habrías imaginado rechazando una propuesta de Netflix?
¡Jamás! Si hace diez años alguien me hubiera dicho que iba a rechazar una serie de Netflix, le habría contestado que era imposible.
—Escuchándote, da la impresión de que has cambiado tu definición del éxito. Antes estaba ligada a una carrera artística; ahora hablas de libertad, familia y tiempo. ¿Qué es lo que verdaderamente te mueve?
La manera en la que miramos la vida lo cambia todo.
La esperanza, la fe, creer que hay algo más allá… Para mí son fundamentales. Estoy convencida de que, sin esa fe, no habría conseguido llegar hasta aquí.
La vida es un suspiro. Todos vamos a morir algún día, y precisamente por eso creo que tenemos que disfrutarla, vivirla de verdad.
No deberíamos dejarnos arrastrar siempre por lo que la sociedad espera de nosotros. Tenemos que escuchar lo que sentimos, perseguir nuestros sueños y atrevernos a vivir de acuerdo con ellos.
Yo estoy completamente convencida de que, cuando damos a los demás, Dios nos lo devuelve.
—Hablas mucho de superación personal, pero detrás de los grandes cambios casi siempre hay alguien que permanece a nuestro lado. ¿Quién ha sido tu mayor apoyo?
Mi marido, sin ninguna duda.
Tengo la inmensa suerte de compartir mi vida con un hombre que me ha cuidado de una manera extraordinaria.
Cuando atraviesas una enfermedad tan larga y tan incapacitante, una relación de pareja se pone a prueba de verdad.
Soy consciente de que muchas parejas no habrían podido soportar una situación como la nuestra.
Él estuvo ahí. Me cuidó, me acompañó y no me soltó la mano.
Sin él no habría podido.
—Has vivido del cine, has conocido el éxito, has sido madre, has atravesado una enfermedad devastadora y has vuelto a empezar. ¿Hacia dónde quieres dirigir ahora tu vida?
Es una pregunta difícil.
Creo que todos los lugares tienen algo especial y que cada etapa de la vida te lleva hacia donde necesitas estar.
Ahora vivo en mitad del Pacífico, en un lugar extraordinario, pero reconozco que últimamente me apetece volver a Europa Ω
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