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🕘 18 minutos de lectura | Por Carmen Millán
En una terrible época en la que la banda terrorista ETA tenía atemorizada a España entera con sus continuos atentados, un 17 de octubre al país entero se le paró el corazón cuando un coche bomba alcanzaba a una niña de tan solo 12 años, arrancándole las dos piernas y tres dedos de la mano y a su madre una pierna y un brazo. Ocurrió en el barrio de Aluche, se dirigían a la escuela y su camino se truncaría para toda la vida. De este suceso, nació como ella dice “un milagro”. Irene Villa renacía para darnos una lección de vida de superación, lucha, valentía, perdón y sobre todo, muchísimas ganas de vivir. Periodista, psicóloga, Humanista, deportista, madre, nada le ha parado para conseguir sus sueños.
Sorprende el inmenso brillo lleno de vida que desprenden sus ojos. Hablamos con Irene y Mª Jesús (madre) para que nos cuenten cómo ha sido ese camino y qué ha sido de esa niña a la que le cambiaron su vida una mañana de otoño.
—¿Por qué te has dedicado a dar conferencias?
Me da muchísima rabia que no se tengan las herramientas necesarias, los conocimientos y la ayuda para superar una crisis. No quiero que nadie se quiera quitar del medio, que se hunda por perder una pierna o un brazo por un accidente de coche, no quiero que nadie quiera tirar la vida por la borda ante una dificultad. El ser humano es resiliente por naturaleza y lo que no nos mata, nos hace más fuerte. Cuando ocurre algo difícil nace otro yo. La vida continúa y tenemos que hacer que merezca la pena, debemos vivir por nosotros y por quien nos falta.
—Hablas de aprovechar cada momento ¿De qué nos debemos desprender para conseguirlo?
El miedo, la culpa y el odio. El odio es nuestro mayor enemigo.
—Has tenido muchos motivos para sentir odio ¿Cómo lo hiciste?
A la gente le fascina que tanto mi madre como yo pudiéramos perdonar. Siempre digo que no nos ha quedado otra opción, si quieres ser feliz un día, véngate, pero si quieres ser feliz para siempre, perdona y nosotras decidimos ser felices para siempre. Hay que perdonar, adaptarte a tu nuevo cuerpo, a tu nueva realidad, sin rencores y si pensar qué habría pasado si hubiera mirado debajo del coche y hoy tuviera mis piernas.
—¿Cuánto tiempo te llevó el perdón?
Para mí fue un salto cualitativo, nunca dejé entrar ese odio. Mi madre fue la que dijo “hija, perdónales porque no tienen ni idea de lo que están haciendo”. Me dijo que yo estaba aquí y que era un milagro. He crecido con esos imputs positivos de que iba a ser lo que quisiera o como me dijo Rafael Alberti, vas a volar como esta paloma. Todo eso me lo creí, por eso es tan importante dar mensajes positivos a las personas. A mí me hicieron ese empoderamiento y mira, justificó en tres carreras, tres hijos, compitiendo en un montón de deportes y siendo feliz que es lo más importante.

Irene Villa con su madre, María Jesús González.
—Lo dices ahora con una madurez, pero ¿Cómo fue para esa niña de 12 años?
Lo digo desde un lugar donde ya he conseguido muchas cosas, pero el camino ha sido muy duro, mucho esfuerzo, mucho dolor. Para poder caminar como lo hago hoy han pasado muchas operaciones y cirujías. Pero nada me para.
—¿Cuándo decides empezar con el deporte?
Siempre me ha encantado hacer deporte, de pequeña hacía patinaje sobre hielo en una pista que había en Aluche y jugaba al baloncesto en mi colegio. En 2001 nació la Fundación También que adapta el esquí, la piragua, la bici… a personas con discapacidad tanto física como intelectual o visual y ahora compito con ellos. He conocido gente maravillosa en el mundo de la discapacidad y siempre le digo a alguien que se queda en una silla o que pierde un brazo, “bienvenidos a un mundo apasionante y maravilloso de gente cojonuda”. Son pocos los que se rinden, la mayoría demostramos que el ser humano sale a flote. Si tú quieres y no te rindes, es simplemente una condición más como puede ser llevar gafas.
—Has escrito varios libros pero a mí me llama la atención “Nunca es demasiado tarde princesa” ¿Para qué nunca es demasiado tarde?
Para casi todo. Me inspiré en la canción de Sabina que me encanta. Incluso para dejar una relación tóxica, nunca es demasiado tarde. Incluso para cumplir un sueño, lo vemos en personas de la tercera edad que está haciendo realmente lo que le gusta. Hay estudios que en el umbral de la muerte, de lo que nos arrepentimos realmente es de no haber hecho lo que queríamos y no haber pasado más tiempo con nuestros seres queridos, que no nos pase eso. Da igual la edad que tengas. Nos centramos en lo que quieren nuestros padres, lo que nos pide la sociedad, lo que se espera de nosotros… debemos hacer lo que valla con tu ADN, tu esencia y tu alma. La vida es un regalo pero a veces demasiado fugaz, cuanto antes nos dediquemos a lo que hemos venido a hacer y lo que conecta con nuestro talento mejor. Todos tenemos una misión en esta vida.
—¿Qué te hizo estudiar psicología?
Todo el mundo me contaba sus problemas, incluso desde antes del atentado. Ya en el colegio hacía de mediadora entre compañeras, siempre he tenido ese lado de ver lo positivo, huyo del conflicto. Después de estudiar comunicación audiovisual y ya trabajando en Radio Nacional en Prado del Rey en Somosaguas, me animé al tenerlo al lado y después estudié Humanidades que también está muy relacionado con el ser humano y su bienestar emocional y social.
—¿En qué te benefició?
Con esta carrera descubrí muchas cosas que ya me había contado mi madre. Ella en el año de su divorcio, un año de mucho crecimiento y desarrollo personal hizo muchos cursos y todo eso, como mi hermana y yo éramos muy pequeñas, nos lo enseñó.
—Tus padres ya estaban separados el día del atentado ¿Cómo lo llevó?
Mi padre era taxista, se enteró por la radio. Mi madre era la que trabajaba en la Policía Nacional aunque todo el mundo piensa lo contrario. Cuando le dijeron cómo estaba yo, imagínate, dijo “déjala morir que no quiero esto para mi hija” creyendo que no iba a tener una vida plena y fíjate al final la vida tan plena que he tenido, nunca se sabe. Echo de menos algunas cosas pero he ganado en muchas otras.
—Me impacta cómo te identificas, “niña milagro”
Milagro totalmente. Llegué muerta, no respondía ni a las placas de reanimación. Un sanitario que vino el otro día a una conferencia mía, me lo corroboró, me dijo, yo estaba en el Gómez Ulla y tú estabas muerta, fue un milagro.
—¿Crees en Dios?
Creo que hay algo más grande que nosotros, llámalo Dios, universo creador o lo que quieras pero desde luego en nuestros momentos más difíciles hay algo que nos cuida y nos protege, sea Dios o nuestros ángeles.
—¿Qué te atrajo de la carrera de periodismo?
Iba a estudiar derecho porque quería endurecer las penas, que los terroristas cumplieran sus condenas y fue en la universidad donde iba a estudiar los que me dijeron que lo mismo desde un micrófono podría concienciar mejor. El poder de la prensa está ahí.
—Hablamos de tu último libro “saber que se puede” veinte años más tarde y quie ya está a la venta la quinta edición.
Esa es la historia de mi vida. Lo acabo de reeditar con mi boda por ejemplo, es como una película, con muchos altibajos, una auténtica montaña rusa. Quería contarlo para la gente joven con muchos diálogos e imágenes. Cuento lo bueno, lo malo y lo regular y es solidario. Tiene muchos mensajes potentes para nuestra sociedad. La primera parte es de lo que me ocurrió y cómo lo superé. Es un libro muy humanista. Acaba en boda porque lo saqué un año después de casarme.
Dentro del libro hay una frase que me llega al alma “no hay tiempo para el odio porque no hay paz sin perdón”
Hay que perdonar, el perdón es liberarte de algo que no te deja vivir.

Irene Villa en su faceta de deportista de élite.
—¿Te has casado dos veces y tienes tres hijos?
Lo primero que me preocupó al tener el atentado fue que quién se iba a querer casar conmigo y siempre digo de broma, pues de momento dos. Al final si tú te quieres, la gente también. Nunca me ha faltado el amor.
—¿Somos realmente conscientes de que nos puede faltar la vida en cualquier momento?
Efectivamente, la vida a veces te la salvan pero otras no. Antes un doble amputado fallecía, te desangrabas por la femoral aunque en mi caso me las cauterizaron y me pudieron salvar. Hay accidentes que nos dan otra oportunidad aunque sea en silla de ruedas, a veces llegas a ser incluso más feliz al ser más consciente de regalos de la vida como un día de sol en Pozuelo que antes no lo valorábamos.
—¿Qué ha supuesto ser madre?
Ha sido la recompensa. Pienso que sigo aquí para que mis hijos estén. Me salvaron la vida para darle la vida a mis tres hijos. Son tres torbellinos magníficos y conviven con la discapacidad.
—¿Crees que hay una inclusión real?
Cada vez más. Hay muchos niños que nacen con alguna discapacidad y cada vez estamos más concienciados y que nuestros hijos no los vean de manera diferente al resto.
—Volvemos al perdón. Perdonas para ser feliz pero ¿Cómo llevas las excarcelaciones de todos los etarras?
Hace tiempo que dejé de opinar del terrorismo. EL 20 de octubre del 2011 dijeron que no iban a asesinar a nadie más, que no hace tanto y desde entonces se acabó para mí la lucha tan activa que llevaba. Las asociaciones de víctimas siguen luchando por la justicia y la dignidad. Ahora me centro en ayudar a otras personas ya sean víctimas de violencia o cualquier otra cosa desde otro lugar, así no me hace tanto daño.
—Ya que os tengo a las dos ¿Os aferrasteis la una a la otra?
Es que siempre hemos tenido una relación muy especial. Me iba con mi madre incluso a trabajar, no nos despegábamos.
—M. Jesús. ¿Cómo viviste esos horribles momentos?
En un principio pensé que estaba muerta porque preguntaba en el hospital al despertar y lo único que me dijeron es que sólo había llegado yo. Pasaba el tiempo y al no decirme nada, creía que no se atrevían a contármelo. Me aferré a la esperanza y no quise preguntar más hasta que mi padre al bajar a la habitación me dijo ¿no preguntas cómo está tu hija? Y al decirme que estaba viva en el Gómez Ulla, ay, fue un regalo de Dios. Volví a ser feliz.
—Sufres en tu propio cuerpo el terrorismo pero al ser madre, ¿te olvidaste de ti para centrarte en ella?
Olvidar no se puede olvidar nada pero mi hija era mucho más importante. Tenía solo 12 años, estaba empezando a vivir, yo ya tenía 40 años, no es lo mismo.

—Tienes otra hija que dices que es la que más ha sufrido ¿Por qué?
Nosotras hemos estado apoyadas y queridas por todo el mundo, ella no, aún a día de hoy me dicen ¿ah, pero tienes otra hija? Además es la primogénita. Ella misma se identifica como “la otra”. Le ha costado 30 años superarlo. No nos perdonaba a nosotras que hubiéramos perdonado a los terroristas y ya por fin, también ha conseguido hacerlo.
—M. Jesús, hablábamos antes del perdón con tu hija ¿Fue complicado conseguirlo para ti?
Hable con mi hija y le di las dos opciones que teníamos, maldecir a estas personas toda la vida o pensar que hemos nacido así y tener una vida lo mejor que podamos, decide lo que quieras que yo te apoyo. A Irene no le costó ni dos minutos decidirse.
—Un atentado que lo vivimos toda España como si fuerais parte de nuestra familia.
Nuestro atentado fue especial, no porque nosotras fuéramos especiales sino porque acababan de matar a un militar a 200 metros de nosotras y estaban todas las televisiones y se vio en directo. Igual que estaban allí también las uvis, que fue lo que nos salvó la vida. En otros atentados o ya se habían llevado al hospital a la persona o estaba cubierto por una manta y a nosotras nos vieron y encima ver a una niña de 12 años con el uniforme del colegio a todo el mundo le tocó el corazón. Era una época en la que había un atentado cada semana.
—El que ocurriera así ¿Hizo que el apoyo fuera mucho mayor?
Por supuesto. Recibimos apoyo de todo el mundo, no solo de España. Fue algo que nos ayudó muchísimo.
—Irene ¿A quién guardas con especial cariño de apoyo?
Me sorprendió mucho la Princesa de Gales, Lady Di. Nos dio un premio a niños de Europa y fue increíble. La Reina Doña Sofía, bueno es que fueron muchos, Alejandro Sanz, Maribel Verdú, el Estudiantes, el Real Madrid. A mis compañeras de colegio que gracias a ellas no repetí octavo de EGB, me llevaban los deberes, me incluían en los trabajos, seguía las clases a distancia y aprobé todo entre junio y septiembre. Al año siguiente empecé el instituto con mis muletas.
—Entre los muchos premios que has recibido ¿Cómo fue recibir uno de Rotary Club?
Con mucho cariño. El leitmotiv de Rotary es ayudar e interesarse por todos los sectores de la sociedad y me encanta.
—¿Qué pretendes inspirar en tus conferencias?
Que las personas digan ¿de qué me quejo viéndote a ti? Yo me parto de risa. Siempre digo que no se trata de compararse, cada uno tiene su historia, circunstancias y sus herramientas. Pero si me gustaría y creo que lo consigo, que la gente entre de una forma y salga de otra. Que piensen que qué hacen malgastando su vida con el sufrimiento inútil. En el fondo mi charla es un poco el libro de M. Jesús Álava Reyes que se llama “La inutilidad del sufrimiento” contado desde una practicidad y de una serie de episodios que me han ocurrido y cómo los he afrontado que la gente sale diciendo ¡es verdad que se puede!. No hablo solo hablo de que se puede convivir con piernas de titanio, hablo de todo, de una bacteria, de la enfermedad, de la salud, de la superación, de la pérdida, del esfuerzo, del deporte, de caerte y romperte, del miedo, de la preocupación… hablo de muchas cosas y todo el mundo se identifica.

Irene Villa, Carmen Millán y María Jesús González.
—¿No te ha parado el ser madre?
Es verdad que ahora lo hago con más cabeza. Siempre me ha gustado la aventura. Ahora hago cosas con ellos y les digo que esto es una aventura y que fuera el miedo, es una enseñanza para luego su vida. Hay que manejar la gestión del miedo para el día de mañana vencer todo lo que nos limite.
—¿Qué te hace feliz?
Mis hijos sobre todo, mi marido, mi madre. Al final lo que tenemos son personas y no cosas. Compartir alegrías con la gente se multiplica y compartir penas hace que se dividan. Nuestro mayor tesoro es nuestra red social, pero no la de Instagram, la de verdad, la de carne y hueso, eso es lo que nos salva. Ω
07-06-2024 8:16 a.m.
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