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Por Carmen Millán | 🕘 14 minutos de lectura
Luz, pasión, color a raudales y una declaración de intenciones que atraviesa toda su obra: celebrar la vida incluso en los momentos más difíciles. La pintora M. Jesús de Frutos inaugura su exposición en el Centro Cultural MIRA Teatro, consolidando una trayectoria marcada por la constancia, la sensibilidad, la valentía y una mirada profundamente humanista. La obra de M. Jesús de Frutos se acerca, acompaña, envuelve. Es una pintura que habla de lo esencial: la memoria, la emoción, la belleza, la capacidad de resistir. En cada trazo hay una historia, en cada color una intención, en cada figura una conversación silenciosa. En un tiempo donde la velocidad lo invade todo, su pintura propone detenerse. Mirar. Sentir. Y recordar que, quizá, la verdadera función del arte no sea cambiar el mundo, sino ayudarnos a habitarlo mejor.
A pocas horas de la inauguración, el espacio todavía respira ese pulso previo que mezcla nervios, ilusión y una cierta vulnerabilidad. Cuadros apoyados contra las paredes, técnicos ajustando focos, decisiones de última hora. En medio de ese escenario, M. Jesús de Frutos se mueve con calma, como si el ruido exterior no pudiera alterar su ritmo interior. Habla con serenidad, pero también con una intensidad emocional que se filtra en cada respuesta.
Esta no es solo una exposición.

“Mis cuadros son lo que he vivido, lo que he sentido y lo que he querido Conservar”
—¿Qué se va a encontrar el público en esta exposición?
Se va a encontrar conmigo. Son obras fruto de mi formación en la escuela de Nieves Solana. Se van a encontrar con mi historia, con lo que he vivido y con lo que he amado, pero también de todo lo que he ido acumulando dentro a lo largo del tiempo.
Soy una pintora figurativa. También hay paisajes que he respirado, que me han emocionado profundamente. Hay cielos que siguen en mi retina, tejados rojos que me devuelven a mi infancia en Segovia donde fui muy feliz… Es una exposición muy emocional.
LA INFANCIA COMO RAÍZ: SEGOVIA Y LA MEMORIA EMOCIONAL
—Hablas mucho de tu infancia. ¿Qué papel juega en tu obra?
Es la base de todo. Mi infancia está en Segovia, y eso marca muchísimo. He vivido al lado del Alcázar de Segovia, que es un sitio absolutamente mágico.
Recuerdo que de pequeña me sentaba a observar a Tablada, un gran pintor, rodeado de turistas. Yo no hacía nada más que mirar, pero aquello me fascinaba. Era como entrar en otro mundo.
—¿Ahí nace la vocación?
Creo que sí. Siempre digo que tu mundo de la infancia es lo que te decide a tener una vocación. En mi caso fue así. Yo ya sentía que el arte formaba parte de mi vida: me gustaba la pintura, pero también la música, la literatura, la escultura…
Mi madre decía que yo era como una guitarra porque siempre estaba moviéndome, disfrazándome, inventando historias. Era una niña muy creativa, aunque entonces no era consciente de que eso podía convertirse en una profesión.

Mª Jesús de Frutos: el arte de pintar alegría en tiempos difíciles.
DE MAESTRA A PINTORA: UNA DECISIÓN VALIENTE
—Estudiaste Magisterio y ejerciste como profesora. ¿Cómo fue ese tránsito hacia la pintura?
Con 19 años me vine a vivir a Madrid. Yo trabajaba en una escuela, siempre estaba vinculada al mundo artístico de alguna manera y a la vez por las tardes, estudiaba decoración en una escuela de artes y oficios.
Pero llegó un momento en el que sentí que tenía que intentarlo de verdad. Pedí una excedencia y me dediqué a formarme más en serio. Me formé con Nieves Solana, me ayudó mucho y fue quien vio mi potencial.
—¿Fue difícil tomar esa decisión?
No me costó tanto porque yo era feliz pintando. Cuando tienes algo muy claro dentro, no dudas.
Mi mayor apoyo he sido yo misma. Siempre he sido muy independiente. Creo que para pintar hay que estar solo con tus emociones y sentimientos.
LA MUJER COMO EJE: BELLEZA, FUERZA Y EMOCIÓN
—Uno de los elementos más reconocibles de tu obra es la presencia de la mujer. ¿Qué representa para ti?
La mujer es vida. Es quien preserva la vida, quien sostiene, quien une a la familia. Me interesa mucho su dimensión emocional, su capacidad de entrega, su belleza en todos los sentidos.
En mis cuadros la mujer aparece adornada, con ropajes, con pendientes… pero no es solo estética. Es una forma de ponerla en valor.

EL COLOR COMO LENGUAJE EMOCIONAL
Si algo define la pintura de M. Jesús de Frutos es su intensidad cromática. Sus obras no buscan la neutralidad, sino la emoción directa.
—Tu uso del color es muy potente. ¿Cómo lo trabajas?
El color es todo. Para mí es un lenguaje. Todos los colores son importantes. El rojo es la vida, la fuerza. El blanco es la pureza. El azul está muy presente en mis personajes, es casi una base.
Pero no se trata solo de elegir colores, sino de cómo dialogan entre ellos. Tiene que haber un recorrido, una armonía que haga que el cuadro funcione.
—¿Hay una parte técnica y otra intuitiva?
Exacto. La intuición es fundamental, pero también hay que entender por qué unos tonos funcionan al lado de otros. En eso agradezco mucho a Nieves Solana, porque supo ver mis posibilidades y ayudarme a desarrollarlas.
EL PROCESO CREATIVO: DIÁLOGO CON EL LIENZO
—¿Cómo nace un cuadro? ¿Cuál es la primera pincelada?
Siempre empiezo directamente sobre el lienzo. No hago bocetos. Empiezo a pintar y luego es el cuadro el que me va pidiendo cosas.
Voy quitando, poniendo, cambiando… Es un proceso muy vivo. No hay un plan cerrado.
—¿De dónde surge la inspiración?
De muchas cosas. De bodegones que preparo en mi estudio, de objetos, de viajes… Por ejemplo, las celosías vienen de Marruecos, las telas, las cerámicas…
Siempre tengo una referencia de la realidad, pero no copio. Imagino, transformo. Pinto lo que me emociona.
EL DOLOR Y LA CREACIÓN: UNA RELACIÓN INEVITABLE
—Hablas mucho de alegría, pero también mencionas momentos difíciles. ¿Cómo influyen en tu obra?
Influyen mucho. He tenido momentos muy dolorosos en la vida. Y ahí pintar no es fácil. Hay veces que no quieres pintar o que lo haces con tanto esfuerzo que no te satisface el resultado.
Pero otras veces, de ese dolor sale algo muy auténtico, algo que conecta con lo que quieres dar a los demás.
—¿Se puede pintar estando mal?
Es complicado. Cuando uno está mal, es mejor no pintar. O al menos no forzarlo. La pintura requiere una energía especial.
OPTIMISMO COMO ELECCIÓN VITAL
—A pesar de todo, tu obra transmite optimismo…
Porque es una decisión. Para mí es fundamental no perder la ilusión. La vida tiene momentos duros, pero hay que sobreponerse.
Yo siempre intento mostrar el lado amable, lo bello. No porque ignore lo demás, sino porque creo que también es necesario.
EL ARTE COMO EXPERIENCIA TRANSFORMADORA
—¿Qué buscas en el espectador?
Que disfrute. Que se deje llevar. Que vea las historias que hay en los cuadros y que, aunque sea por un momento, olvide otras cosas.
El arte no cambia el mundo ni los dolores, pero sí puede hacer que lo veamos de otra manera.
—¿Te han contado experiencias en ese sentido?
Sí, muchas. Recuerdo una exposición donde había dos señores que iban todos los días. Un día les pregunté por qué y me dijeron que salían reconfortados. Eso es lo más bonito que te pueden decir.
TANGO: LA CAPTURA DE LA EMOCIÓN EN MOVIMIENTO
—En esta exposición hay cuadros inspirados en el tango. ¿Cómo surgen?
De un viaje a Buenos Aires. Estaba en una plaza y apareció una pareja bailando que no eran profesionales pero que bailaban con una pasión increíble. Me impactó muchísimo. Les hice muchas fotos y luego trabajé sobre esas imágenes.
Son escenas de juerga, de vida, de emoción compartida, de amor.
DIÁLOGO CON LOS GRANDES MAESTROS
—También reinterpretas obras clásicas como Las Meninas…
Sí. Surgió a partir de un encargo de una modista que quería una cuadro para su Atelier. Fui al Museo del Prado y, de alguna manera, hablé con Diego Velázquez.
Le dije: “No voy a igualarte nunca, pero quiero hacer algo que no te haga sentir mal”. Desde entonces, no he dejado de pintar Meninas.
REFERENTES: ARTE Y VIDA
—¿Qué artistas te han influido?
Muchos. Vincent van Gogh y Henri de Toulouse-Lautrec por su lucha de vida, por su forma de mirar, y Francisco de Goya por su técnica y su profundidad.
Me interesa tanto su obra como su historia personal.
EL ESFUERZO INVISIBLE TRAS UNA EXPOSICIÓN
—¿Qué supone montar una exposición como esta?
Es muy duro. Vas pintando durante años y, de repente, tienes que mostrarlo todo. Es un momento muy exigente, pero también muy bonito.
Es cuando tu trabajo deja de ser solo tuyo.
LA FAMILIA: EL VERDADERO MOTOR
—¿Qué lugar ocupa tu familia en todo esto?
El más importante. Soy feliz con mis nietos, con mi niño que tiene Síndrome de Down, es todo ternura, amor. No somos conscientes de todo lo que pueden dar y tienen una gran intuición, son listísimos, transparentes, esa caricia que te dan no te la da nadie más. El colegio donde va es maravilloso y los docentes que les enseñan son ángeles. Que venga una ley para quitar estos colegios es una barbaridad porque necesitan una educación especial en su entorno para sentirse iguales e incluidos. Nunca ha habido más bulling que ahora pero son niños que no saben lo que es el rencor, se puede aprender muchísimo de ellos.

Manuela Picó, Mª Jesús de Frutos y Carmen Millán.
EL RECONOCIMIENTO INESPERADO
—¿Cómo viviste tu primera venta?
Fue emocionante. Fue en una feria de arte en Cataluña. Una señora me compró dos cuadros y al día siguiente fui al banco y al confirmarlo, me sentí muy feliz.
No me dio pena venderlos, porque mi objetivo es que otros los disfruten.
FILOSOFÍA ARTÍSTICA
—¿Te consideras una artista consagrada?
No. Creo que todos somos genios en lo nuestro. Yo simplemente hago lo que amo.
Pinto porque me hace feliz. Ω
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