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Por Micaela Malaussena | 🕘 4 minutos de lectura
Hay adolescentes con capacidad que, sin embargo, no consiguen avanzar como esperan. Detrás de unas malas notas, de la desmotivación o de un aparente “no se esfuerza” pueden existir dificultades de organización, frustración, inseguridad o miedo al fracaso.
Patricia Descalzo, pedagoga, psicopedagoga, docente y neurocoach educativo, lleva años trabajando con niños y adolescentes. Su experiencia en el aula la llevó a buscar nuevas herramientas para acompañar a jóvenes que necesitan comprender qué les está frenando y desarrollar sus propios recursos.
—¿Qué te llevó al neurocoaching educativo?
Mi experiencia dentro del aula. He conocido alumnos con muchas capacidades que, sin embargo, no lograban avanzar. Y he sentido la frustración de querer ayudarles sin disponer del tiempo y la atención individual que algunos necesitaban.
El neurocoaching me permite trabajar no solo sobre el aprendizaje, sino también sobre aspectos que pueden interferir en él: la autoestima, la motivación, las emociones, la organización o la forma de afrontar las dificultades.
—“Es inteligente, pero no se esfuerza”, “si quisiera, podría…”. ¿Qué puede haber detrás?
Son frases que escuchamos con frecuencia y que algunos incluso oímos cuando éramos adolescentes. Pero detrás de ese aparente “no quiere” puede haber frustración, miedo al fracaso, dificultades de atención u organización, baja autoestima o la sensación de “no soy capaz”.
Puede ocurrir en adolescentes con perfiles muy diferentes, también con TDAH, dificultades de aprendizaje o altas capacidades. Desde fuera puede parecer falta de interés; desde dentro, la realidad puede ser muy distinta.
Mi trabajo se centra en el acompañamiento educativo y no sustituye una valoración clínica o diagnóstica cuando esta sea necesaria.
—¿Cómo puedes ayudarles?
Primero intento comprender qué les está impidiendo avanzar. A partir de ahí, el trabajo es individual y personalizado.
Les ayudo a conocerse mejor, identificar sus fortalezas y dificultades y desarrollar recursos propios. Dependiendo de cada caso, podemos trabajar la organización, la motivación, las estrategias de aprendizaje, la gestión emocional o la tolerancia a la frustración.
El objetivo es que adquieran herramientas para afrontar las dificultades y encontrar sus propias soluciones, ganando progresivamente confianza y autonomía.
—¿Y qué papel tienen las familias?
La orientación a las familias es una parte importante de mi trabajo. Les ayudo a comprender qué puede haber detrás de determinadas conductas y les ofrezco pautas concretas para acompañar a sus hijos de otra manera.
Trabajamos aspectos como la comunicación, los límites, las expectativas, la autonomía o la gestión de conflictos. A veces, comprender qué está ocurriendo es el primer paso para empezar a cambiar la situación.
El proceso comienza con una valoración inicial gratuita para conocer cada caso y valorar cómo puedo ayudarles.
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