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NOVIEMBRE DE 2021  /  ENTREVISTAS

“Pensé que me moría y estuve a punto de arreglar mi testamento”

10-11-2021 8:05 p.m.

Magdalena Abaga

Por Candela Jiménez / Fotografía Ricardo Rubio - Magdalena Abaga tiene 47 años, vive en Pozuelo de Alarcón y regenta una tienda de ropa en Aravaca, a la que acude cada día. Tiene una hija de 13 años y tras caer contagiada por el Covid-19 este pasado verano de 2021 estuvo ingresada 15 días en el Hospital Isabel Zendal. Su manera de vivir ha cambiado “ahora, desde que salí del hospital, doy prioridad a mi vida personal y familiar antes que al trabajo. Mi hija es lo primero”. Tuvo mucho miedo durante su ingreso en el hospital por la incertidumbre sobre su estado de salud,  “no sabía si iba a salir de allí o no, yo pensaba que no salía”, afirma. 

“Estaba de vacaciones en Portugal y  me empecé a encontrar un poco mal. Tenía frío y no me apetecía bañarme en el mar.”, relata con un tono serio. Magdalena lo dejó pasar, pensó que no sería nada y cuando terminó sus vacaciones a mediados de agosto notó que “caía en picado”.  Empezó a tener mucha fiebre y llamó a su centro de salud. El médico le dijo que por los síntomas que tenía era covid-19 y que hiciese cuarentena en su casa, pero Magdalena cada vez se encontraba peor y se fue a las Urgencias del Hospital Puerta de Hierro, y se quedó. “Tenía neumonía, pero no bilateral y me trasladaron al Zendal que está especializado en este tipo de patologías”, afirma. 

En el Zendal me trataron muy bien

Tras hacerle todas las pruebas necesarias Magdalena comenzó su lucha contra el virus en el Hospital Isabel Zendal, donde asegura que “la trataron fenomenal”. Este hospital fue construido en poco tiempo para tratar los casos de Covid-19 y así dar apoyo al Servicio de Salud Madrileño. Magdalena lo vivió desde dentro y asegura de una manera contundente que “tenían un protocolo de actuación maravilloso y estaba todo fabulosamente bien”, se sintió “muy bien atendida” y describe el hospital como “una nave enorme con diferentes departamentos en el interior en función de la gravedad que tengas”.

Durante los 15 días que estuvo ingresada a Magdalena se le pasaron muchas cosas por la cabeza, entre ellas, la idea de morirse, “lo peor para mí es que yo pensaba que no salía, estuve a punto de llamar al notario para arreglar los papeles del testamento y que fuera lo que Dios quisiera. Pasé mucho miedo porque escuchaba a los médicos que no daban con la tecla, no sabían qué tratamiento darme ni qué pruebas hacerme, y no me bajaba la fiebre”, relata con los ojos empañados. La familia de Magdalena fue su mayor apoyo durante esos días, aunque no podía recibir visitas les veía y escuchaba a través de una pantalla, “yo no podía hablar no tenía fuerzas, pero les pedía que me hablasen porque me daba ánimo escucharles. Me mandaron canciones que me recordaban a ellos y eso fue lo que me ayudó a salir”, afirma sonriendo.

“Quiero disfrutar y vivir mejor la vida”

Los médicos le comunicaron la gravedad de su estado, hasta tal punto que le confesaron que si hubiera ingresado más tarde la situación habría sido “irreversible”. Magdalena se encontraba exhausta, sin aliento. “Estaba hecha un trapo, no comía ni bebía”, afirma. “El único tratamiento que recibí fue el Paracetamol en vena, pero aún recuerdo los terribles dolores de cabeza “era horroroso, como descargas eléctricas”. A los pocos días de su estancia en el Zendal a Magdalena le empezaron a suministrar suero y su estado mejoró.  “De no tener nada de apetito pasé a comer con tanta ansia que, casi siempre, me quedaba con hambre, me encontraba con ánimo y me sentí preparada para volver a mi casa”    

A diferencia de muchos otros, Magdalena superó la enfermedad y se fue a su casa con su hija y su familia, aunque todavía tuvo que esperar un mes para volver a su vida de antes y reabrir su negocio.

Al poco tiempo, Magdalena recibió el alta médica y abandonó el hospital y se reunió con su familia. La experiencia del covid-19 le ha despejado el panorama de la vida, “antes me cogía una semana de vacaciones y ahora he decidido que no, mis vacaciones van a ser por lo menos de un mes, porque me lo merezco”, afirma de manera contundente. “Quiero aprovechar y disfrutar más, y, sobre todo, de mi hija. Fuera rollos”, remata con una amplia sonrisa.

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