13-01-2020 8:44 p.m.

ENERO 2020  /  EMPRENDEDORES

Las etiquetas

13-01-2020 8:44 p.m.

Por Fernando Morales

Asistí a una conferencia de Jacobo Parages, la verdad es que fui sin saber muy bien a qué iba, no le conocía personalmente ni tampoco había oído hablar de él. Jacobo es una de las muchas personas a las que la vida les da un revés inesperado y que en vez de afligirse en su dolor, sale adelante a través de la fuerza de voluntad.

He hablado en otros artículos sobre la actitud y he mencionado en muchas ocasiones a Victor Kuppers, persona que menciona la actitud como punto fundamental para tener una vida plena. Jacobo mencionó dos cosas en sus conferencia que me llamaron mucho más la atención que el resto, la primera de ellas es actuar, su mensaje en este aspecto es actúa y si tienes miedo actúa con miedo, pero actúa siempre. La segunda son las etiquetas con las que los seres humanos clasificamos todo lo que nos rodea incluidas a otras personas.

Jacobo, en su conferencia, mencionó la multitud de etiquetas que las personas somos capaces de adjudicar a otras personas y que nos permiten en muchas ocasiones mantener nuestro ego a salvo. En su caso y debido a una enfermedad, se le etiquetó como un inválido que ya no podría volver a hacer deporte e incluso le pronosticaron que no volvería a andar quedando postrado en un silla de ruedas. Esa etiqueta puede pesar mucho si en vez de hacer caso a nuestra voz interior, hacemos caso a las voces de los demás.

Hay un término resilencia, que se define como la capacidad del ser humano para reponerse de los duros embates que nos propone la vida. Hay un término que me gusta más, quizás por desconocimiento del anterior, que es la fuerza de voluntad. La fuerza de voluntad, como diría Henry Ford, es la fuerza motriz que permite conseguir los objetivos que nos proponemos. Así mismo es la que durante el proceso nos anima a seguir pese a los obstáculos del camino.

La fuerza de voluntad, conlleva la otra cara de una moneda, el sacrificio. Para los que hemos estudiado algo de economía, el “coste de oportunidad” es un concepto que utilizamos muy habitualmente. Coste de oportunidad lo podíamos definir como el valor de la mejor opción no realizada. Cuando tenemos varias opciones debemos elegir una y desechar otras, de las que desechamos, calculamos el coste de oportunidad del valor de la mejor de las opciones no realizadas. Jacobo entendió perfectamente que para convivir con una enfermedad crónica debía sacrificarse, dejar de lado ciertas cosas y elegir aquellas que aunque supongan ungían sacrificio, le permiten luchar contra las etiquetas que los demás le pusieron.

Etiquetar no es bueno o malo, los seres humanos tratamos de clasificar todo, bueno o malo, agradable o desagradable, divertido o aburrido, etc, Siempre que nos ocurre algo nuestro cerebro cataloga con un adjetivo la experiencia que hemos vivido. La cuestión es si la etiqueta es positiva, o por el contrario si la etiqueta es limitante o negativa ,si es esta última entraremos en un dialogo interno negativo con las consecuencias que ello puede tener.
En el ámbito empresarial y en concreto en los procesos de selección de personal. Los seleccionadores, en base a los requerimientos de las empresas contratantes, clasifican a las personas por colectivos. Los sesgos más habituales son titulación académica, idiomas y en estos últimos tiempos edad. El problema de esta clasificación no es la clasificación en si, sino la etiqueta con la que la acompañamos, y que en ocasiones nos llevan a determinar que son no válidos para el mundo laboral, por lo menos en este momento.

Jacobo en su conferencia, nos comentaba que si el fuese directivo de una empresa contrataría personas mayores y jóvenes con el fin de obtener las mejores capacidades de cada uno de ellos, experiencia mezclada con el arrojo de la juventud.

Hemos decidido que los jóvenes son demasiado jóvenes y no pueden aportar mucho al mercado laboral de momento y les pagamos lo justo haciéndoles trabajar mucho. A los mayores de cincuenta años, hemos decidido que son demasiado mayores para adaptarse a los nuevos tiempos y por tanto los descartamos en los procesos de selección y así podríamos continuar con otras muchas etiquetas que limitan a personas, no somos conscientes de la repercusión que tienen nuestras palabras en otras personas. El lengje que utilizamos es fundamental, nuestro dialogo interno y externo debe ser motivador, positivo, hay un frase que me parece adecuada que viene a decir, si no tienes nada bueno que decir, no digas nada.

Jacobo ha conseguido sus logros, no de joven, sino de mayor. Debido a su enfermedad no pudo comenzar a nadar hasta después de pasados unos años, pero a pesar de ello ha sido capaz de atravesar dos veces el estrecho de Gibraltar a nado, realizar el canal Mallorca a Menorca, y la carrera Europa a Asia así como muchos otros retos. Ni la edad, ni la enfermedad han conseguido que Jacobo no sea una persona válida para la sociedad.

Antes de descartar a una persona, ya sea para un proceso de selección o para la vida misma, borremos las etiquetas y nos centremos en la persona, escuchemos atentamente lo que nos tiene que decir  y a partir de ahí valorar si es la que merece mi empresa o mi vida,  independientemente de si tiene una discapacidad o no, si es joven o mayor. Valoremos a las personas por lo que saben y lo que son capaces de hacer, por sus valores y principios, por lo que aportan a nuestras vidas y no por una clasificación interna.   Ω

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