Húmera al amanecer

31-01-2026 medianoche

Húmera

Por Guillermo Molina / 🕘 5 minutos de lectura

Miedo me da levantar la persiana algunos domingos. No por lo que vaya a leer en el BOE, ni por el precio del café, sino por lo que me cuentan los vecinos de Húmera cuando amanece. Porque hay amaneceres que no traen pájaros ni silencio, sino cristales, botellas, orines y un olor agrio que no sale ni con manguera. Y entonces uno se pregunta en qué momento el descanso pasó a ser un lujo y el botellón, un derecho adquirido.

Húmera no es un polígono ni una zona de paso. Es un barrio con vecinos, con jardines (o lo que queda de ellos), con bancos donde antes se sentaban los mayores y ahora se acumulan bolsas sospechosas, esas bolsitas discretas que no traen caramelos precisamente. Usted las habrá visto, yo también. Aparecen los días que abre la discoteca y desaparecen cuando ya es tarde para dormir.

—Aquí traen lo que se meten —me dice un vecino señalando el suelo—. Y nadie hace nada.

Lo que más duele no es el ruido, que ya es decir. Duele la sensación de abandono. Calles cortadas como si fueran de uso privado, coches en dirección prohibida sin control, accesos bloqueados a las propias casas. Y cuando el vecino protesta, resulta que el problema es el vecino. Que si “no exagere”, que si “puede ser Coca-Cola”, que si “no nos dé lecciones”. Bordes con quien paga impuestos, permisivos con quien bebe en la vía pública. La autoridad al revés, como un calcetín.

Y así, noche tras noche, fin de semana tras fin de semana, Húmera se despierta convertida en patatal sin patatas: jardines arrasados, monumentos pintarrajeados, bancos hechos trizas. Hasta el parque dedicado a Álvaro Spottorno —que algo tendrá que decir desde la memoria— aparece mancillado. Uno se pregunta qué pensaría él viendo lo que se consiente en su nombre. Preguntas retóricas, ya sabe usted, de las que no obtienen respuesta.

Mientras tanto, los mensajes de los vecinos se repiten como un estribillo cansado: necesitamos dormir, necesitamos protección, necesitamos que alguien haga su trabajo. Y aquí entra la política municipal, que no es cortar cintas ni subir fotos, sino poner orden cuando hace falta. Porque el botellón no es folclore juvenil ni una travesura simpática; es un problema de convivencia, de salud y de respeto.

Si la discoteca estuviera debajo de la casa de la alcaldesa, me dicen, ¿habría pasado tanto tiempo sin medidas? No lo sé. Pero la pregunta flota en el aire como el ruido a las cinco de la mañana. Y las preguntas, cuando se acumulan, acaban pesando.

La responsabilidad última es de quien gobierna. Y desde junio de 2023 gobierna Paloma Tejero. Gobernar, por si a alguien se le olvida, no es elegir entre jóvenes y vecinos, entre ocio y descanso. Gobernar es hacer compatibles las cosas, y cuando no lo son, poner límites. Con policía, con sanciones, con licencias revisadas, con valentía. No con silencio.

A mí me enseñaron que el pueblo —la ciudad, el barrio— empieza a perderse cuando el vecino se acostumbra a no protestar. En Húmera todavía protestan. Con rabia contenida, con ironía amarga, con mensajes de optimismo forzado deseando que el año nuevo traiga soluciones. Ojalá. Pero las soluciones no llegan solas. Hay que buscarlas, y a veces hay que enfrentarse a intereses que no salen en la foto.

Húmera no pide milagros. Pide dormir. Y eso, créame usted, es lo mínimo que una ciudad decente debería garantizar cuando amanece. Porque un barrio que despierta entre cristales rotos acaba rompiéndose por dentro. Y eso sí que no se arregla con música alta ni con excusas.

COMENTARIOS

2 de febrero de 2026 a las 09:40

Esta es la realidad de Húmera

Este artículo refleja la triste realidad de los últimos tiempos en Húmera. De un sitio tranquilo al infierno de los ruidos, vómitos, orines, destrozos,…
La alcaldesa se muestra en los plenos orgullosa de que los chavales se diviertan. Policías diciendo a los vecinos que hacen lo que les mandan. Y concejales mirando de perfil porque mientras estén aquí, no están debajo de mi casa.
Triste alcaldesa foránea que se ha ganado a pulso el apodo de alcaldesa del botellón.


31 de enero de 2026 a las 15:13

Húmera al amanecer

Así es, las soluciones hay que buscarlas y enfrentarse a las injustas, con la verdad

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