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Por Guillermo Molina | 🕘 5 minutos de lectura
A mí me preocupa una cosa: que hay políticos que han confundido el despacho con el plató y la gestión con el directo de Instagram. Y esto no es exclusivo de La Coruña, ni de Sevilla, ni de la capital del reino. En Pozuelo de Alarcón pasa igual. Aquí no nos libramos de la fiebre del “yo, mi, me, conmigo”.
Da igual el color. Rojos, azules, verdes, amarillos, blancos. Las redes sociales los tienen presos. No como herramienta, que bien usadas son útiles, sino como obsesión. No gobiernan: retransmiten. No gestionan: posan. No explican proyectos: se explican a sí mismos.
Y a mí, qué quiere que le diga, esto me recuerda peligrosamente a aquel señor llamado Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Adolf Hitler, que cada vez que se construía un puente colgaba un cartel que decía: “Este puente es gracias al Führer”. Como si Hitler, en vez de dormir, estuviera por las noches con casco y pala colocando ladrillos. Propaganda en estado puro.
La diferencia es que ahora ni siquiera hace falta un ministro que lo diga por ellos. Lo dicen ellos mismos. “He visitado…”, “he impulsado…”, “he logrado…”, “mi iniciativa…”, “mi propuesta…”. Todo en primera persona del singular, como si el Ayuntamiento fuera una empresa unipersonal y el resto, técnicos, funcionarios, concejales, vecinos, fueran figurantes.
Y no me malinterprete usted. Comunicar es necesario. Explicar lo que se hace, lo que se va a hacer y en qué se quiere mejorar es una obligación democrática. Pero una cosa es informar y otra muy distinta es convertirse en reportero de uno mismo. El cargo no consiste en hacerse entrevistas, ni en dar clases de liderazgo empresarial, ni en impartir masterclass de ventas, ni en posar como influencer municipal, que para eso ya existen profesionales que estudiaron una carrera para ello.
—Hoy visitamos un comercio emblemático…
—Hoy comparto con vosotros esta reflexión…
—Hoy quiero contaros que…
Siempre “yo”. Siempre “mi”. Siempre “con vosotros”. Y mientras tanto, el vecino preguntándose por la licencia que no llega, la acera que sigue levantada o el expediente que duerme el sueño de los justos.
En sus redes personales, hagan ustedes lo que quieran. Faltaría más. Selfies, frases motivacionales, vídeos con música épica de fondo. Pero cuando se trata del trabajo público, el enfoque debería ser otro: menos foco en el rostro y más foco en el resultado. Menos story y más gestión.
Porque la política municipal no es un concurso de popularidad ni un casting permanente. Es coordinación, presupuesto, prioridades, reuniones incómodas, decisiones poco lucidas pero necesarias. Eso no luce en TikTok, lo sé. Pero es lo que sostiene una ciudad.
Y hay algo más inquietante: cuando un político dedica tanto tiempo a contarse a sí mismo, uno sospecha que quizá le sobra tiempo para gestionar. O peor: que no tiene mucho que enseñar y necesita envoltorio.
Yo, que soy de los que prefieren el puente terminado al discurso sobre el puente, le digo una cosa, lector: menos propaganda y más obra. Menos influencer y más servidor público. Y si faltan ideas, que a veces lo parece, no se preocupen, que los vecinos de Pozuelo tenemos unas cuantas. Gratis y sin filtro de Instagram.
Porque al final, el que mucho se autopromociona, poco gobierna. Y eso, por más que lo editen con buena luz, se nota.
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