Escucha el audio de esta noticia:
Por José Antonio Fernández | 🕘 5 minutos de lectura
Lo digo yo. Yo, que ya he visto suficientes experimentos sociales como para reconocer uno cuando huele a despacho y termina en desastre. Y lo digo sin rodeos: lo del llamado “Efecto Cobra” no es un accidente, es la consecuencia lógica de una política diseñada por iluminados que no entienden ni a la gente ni a la realidad.
Para el que aún no lo haya entendido —que los hay, y con cargo público— el “Efecto Cobra” es sencillo: propones una solución brillante, la aplicas con entusiasmo y consigues exactamente lo contrario de lo que pretendías. Como pagar por matar cobras y acabar con granjas de serpientes. Genialidad administrativa.
Pues bien, España ha decidido criar sus propias cobras.
Primero, gira africana. Pedro Sánchez, en Gambia y Mauritania, vendiendo España como destino de “inmigración circular”, como quien promociona un resort caribeño. Mensaje claro: vengan. Aquí hay sitio. Aquí se arregla todo.
Luego, en Dakar, cambio de tono: hay que desincentivar, hay que combatir mafias, hay que devolver a los irregulares. Perfecto. Un mínimo de sentido común.
Y ahora, el tercer acto de esta comedia de enredo político: regularización masiva exprés. Sin texto claro. Sin planificación. Sin capacidad administrativa. Pero con anuncio. Siempre con anuncio.
Resultado: lo que cualquier persona con dos dedos de frente habría anticipado.
Funcionarios desbordados.
Policía sin instrucciones.
Mafias frotándose las manos.
Nuevas rutas migratorias abiertas.
Y un “efecto llamada brutal”, según los propios profesionales que están en la trinchera mientras los ministros posan en la foto.
He escrito antes en esta columna sobre sociedades sin modales, sobre Estados que gastan en bufones y abandonan lo esencial, sobre políticos que juegan con cosas serias como si fueran tertulianos. Aquí tienen el ejemplo perfecto.
Porque esto no va de inmigración. Va de irresponsabilidad política.
Cuando un Gobierno lanza mensajes contradictorios —“venid”, “no vengáis”, “os devolveremos”, “os regularizaremos”— no está gestionando un fenómeno complejo. Está improvisando. Y cuando se improvisa con fronteras, con personas y con mafias, el resultado no es humano ni digno: es caótico.
Las mafias no son idiotas. Escuchan. Interpretan. Actúan. Si Moncloa dice “regularización”, ellos traducen “oportunidad de negocio”. Si se promete papeles, ellos venden el viaje. Si el Estado duda, ellos ganan.
Y mientras tanto, las oficinas públicas colapsadas. Funcionarios que no dan abasto. Policías que no saben qué protocolo aplicar. El Estado, esa maquinaria que presume de control, funcionando como un chiringuito mal montado en agosto.
Pero no pasa nada. Siempre habrá una rueda de prensa, un discurso emotivo y una nueva palabra bonita para disfrazar el desastre. “Inmigración circular”. “Regularización humanitaria”. “Gestión solidaria”.
Palabras. Siempre palabras.
La realidad es más vulgar: no hay capacidad para gestionar lo que se está incentivando.
Y aquí viene la pregunta que nadie en el Gobierno parece querer responder: ¿qué ocurre cuando una política no sólo no soluciona el problema, sino que lo agrava antes incluso de aplicarse?
Respuesta: ocurre lo que estamos viendo. El efecto cobra. El efecto idiota. El efecto “no sabíamos”.
Sí sabían. O deberían haber sabido. Y si no, peor.
Yo no estoy en contra de la inmigración ordenada. Estoy en contra de la improvisación irresponsable que convierte un problema complejo en un caos multiplicado. Porque gobernar no es anunciar. Gobernar es prever. Y aquí no se ha previsto nada.
Sólo se ha provocado.
Y lo dejo claro, para que no haya dudas:
cuando una política crea más problema del que resuelve, no es mala suerte.
Es incompetencia.
no hay comentarios
21-04-2026 9:26 a.m.
20-04-2026 6:16 p.m.
20-04-2026 3:30 p.m.
20-04-2026 10:49 a.m.
19-04-2026 4:50 p.m.
19-04-2026 11:22 a.m.
19-04-2026 8:20 a.m.
18-04-2026 9:58 p.m.
18-04-2026 9:47 a.m.
27-03-2026 9:11 p.m.
Tres detenidos en Majadahonda tras una persecución con dos agentes heridos