Escucha el audio de esta noticia:
Por José Antonio Fernández | 🕘 6 minutos de lectura
Yo, que cada noche electoral veo el mismo espectáculo y empiezo a sospechar que las elecciones españolas se parecen peligrosamente a las galas del cine subvencionado: todos ganan, todos sonríen, todos se abrazan y nadie parece haberse dado cuenta de que la mitad del patio de butacas estaba vacío.
El pasado domingo fueron las elecciones andaluzas y ocurrió el milagro acostumbrado. Ganó el PP. Ganó el PSOE porque las encuestas eran aun peores. Ganó Vox porque subió. Ganó la izquierda alternativa por lo mismo. Ganaron los pequeños porque existen. Ganaron los analistas porque cobraron. Ganaron las televisiones porque llenaron horas. Ganaron todos.
Todos menos el sentido común.
Porque luego uno coge los números reales —esa cosa antipática que arruina los relatos— y descubre que el auténtico vencedor vuelve a ser el mismo de siempre: el partido No Me Fío De Ninguno S.A., conocido popularmente como abstención.
Treinta y siete por ciento entre abstención, voto blanco y nulo. Más de uno de cada tres andaluces mayores de edad mirando la papeleta con el entusiasmo con el que uno mira una factura del gas. Y aun así salen los profesionales del eslogan diciendo: “Los andaluces han hablado”. No, perdonen. Los andaluces, en masa, han callado.
Porque si uno cuenta sobre el total de personas que podían votar —que es como deberían hacerse estas cosas cuando uno quiere ser honesto y no propagandista— el cuadro cambia y mucho.
El PP ronda un cuarto del electorado potencial. Uno de cada cuatro. No cuatro de cuatro. Uno.
El PSOE baja a cifras que convierten aquello de “el pueblo socialista” en una reunión familiar numerosa.
Vox se mueve en porcentajes que no justifican ni las épicas ni las apocalipsis.
La izquierda alternativa suma pequeñas parcelas de influencia con una capacidad infinita para presentarse como revolución cuando representan fracciones.
Y aun así salen a hablar en nombre de Andalucía. Andalucía entera. Como si ocho millones de personas hubieran entrado en trance colectivo y les hubieran entregado el bastón de mando moral.
Magnífico.
He escrito antes sobre el Estado que vive del contribuyente, sobre industrias subvencionadas que se creen imprescindibles y sobre políticos profesionales convertidos en fauna estable del ecosistema presupuestario. Aquí aparece la especie reina: el intérprete oficial del pueblo.
Ese individuo fascinante que obtiene el apoyo efectivo de una minoría del censo y acto seguido anuncia: “Los ciudadanos han decidido”.
No. Los ciudadanos han decidido muchas cosas. Una de ellas, y muy importante, es no votarles.
Pero eso no entra en el relato porque la abstención no tiene escaños. No tiene asesores. No tiene tertulianos. No tiene ministerio. Es una multitud huérfana. Un elefante estadístico al que nadie invita a la fiesta porque estropea las fotos.
Y cuidado, porque aquí vendrá el catequista democrático de guardia a decir que abstenerse es irresponsable. Curioso argumento. El sistema necesita tu participación para legitimarse, pero cuando no participas decide que tu ausencia no existe.
Qué negocio tan maravilloso.
He llegado a pensar que la abstención es el mayor partido clandestino de España. No tiene sede. No tiene logo. No tiene subvenciones. No sale en RTVE ni en las mesas de análisis. Y, sin embargo, gana una elección tras otra.
Pero no gobierna.
Porque el sistema está diseñado para que el silencio no tenga traducción política.
Yo sigo votando. Lo aclaro antes de que aparezcan los sacerdotes civiles del sufragio obligatorio emocional. Pero también sigo mirando las cifras con desconfianza.
Y cuando escucho eso de “Andalucía ha hablado”, sonrío.
Porque Andalucía habló. Sí.
Sólo que más de uno de cada tres decidió que ninguno merecía escucharla.
Y quizá —sólo quizá— esa sea la noticia más importante de todas.
no hay comentarios
23-05-2026 medianoche
23-05-2026 medianoche
23-05-2026 medianoche
22-05-2026 4:09 p.m.
22-05-2026 12:41 p.m.
22-05-2026 10:20 a.m.
22-05-2026 9:34 a.m.
22-05-2026 8:47 a.m.
21-05-2026 10:51 p.m.
16-05-2026 medianoche
La anestesia moral09-05-2026 medianoche
El daño que le ha hecho Disney a la sociedad02-05-2026 medianoche
Del gol al juzgado14-02-2026 medianoche
Democracia sin modales