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NOVIEMBRE DE 2022  /  ENTREVISTAS

TOMÁS RONCERO

08-11-2022 3:57 p.m.

“¿Yo un friki?, trabajo 15 horas diarias” (Por Germán Pose / Imágenes Ricardo Rubio)

Tomás Roncero (Villarrubia de los Ojos, Ciudad Real. 1965) es uno de los periodistas deportivos más mediáticos y polémicos del actual panorama nacional. Madridista de sangre y corazón responde a los que le consideran un “friki” con el ejemplo de su intensa dedicación a su oficio. Con los antimadridistas no tiene piedad, ni con su compañero de El Chiringuito, Lobo Carrasco, al que califica de falso y malintencionado. En fin, que Roncero se desangra con Pozuelo IN.

—Tomás, tú tienes muchos seguidores y, también, detractores que te tildan de friki, ¿qué les dices?

Para empezar, el friki es aquel que tiene mucho tiempo libre para hacer frikadas y yo, por suerte o por desgracia, me paso el día trabajando. Ocurre que la gente se queda con lo fácil, nosotros estamos muy expuestos y te ven por la tele, te leen en las redes... en fin, pero desconocen que hay mucho trabajo detrás. Yo me levanto a las ocho de la mañana , aunque me haya acostado a las 3 y media al volver de “El chiringuito”. Tengo que organizar el trabajo del equipo del diario As, debo buscar noticias y portadas cada día del año, tengo mis comidas de trabajo con gente del gremio, periodistas, directivos o aficionados que me reclaman, nunca como en mi casa los días de diario. Por la tarde, otra vez al periódico y después, vuelvo a casa, estoy un rato con mi familia y luego, por la noche acudo al programa “El chiringuito”. Esa es mi rutina de vida. Si sumas, son más de 15 horas de trabajo profesional diario, eso no lo soporta un friki. 


—¿Y en tu casa qué te dicen tu mujer y tus hijos, te echan de menos?

Algo de menos me echan, pero ya se han acostumbrado a convivir con mi ritmo de trabajo. Ahora, muchos fines de semana que tengo que ir a actos de peñas madridistas mi mujer me suele acompañar, y algunas veces también mis hijos. 

—Tus hijos también son madridistas, supongo.

Por supuesto, mi hijo se llama Marcos Santiago, en honor a Bernabéu. Nació el 2 de octubre de 2002, cinco meses después del gol de Zidane en Glasgow que nos dio la novena Copa de Europa, y a las cinco horas de nacer llegó a la clínica su carné de socio del Real Madrid. Ahora tiene 20 años, así que tiene 20 años de antigüedad de socio, como el que no quiere la cosa. Yo tengo 41 años de antigüedad, me quedan 9 para la insignia de oro. Mi otro hijo, Nico, tiene 15 años, y también es madridista, aunque no tan forofo.

—Para los que no lo sepan, ¿puedes relatar tu trayectoria profesional?

Hice la carrera de Periodismo en la Complutense y he trabajado en muchos medios, por Tierra, Mar y Aire, como suelo decir. En 1987 empecé de becario en la agencia Colpisa, el año que llegó Jesús Gil al Atleti. Nunca habían hecho deportes en esa agencia y yo me metí en la faena y trabajé sin descanso. De sol, a sol, vamos, y tuvo mucho éxito mi trabajo y me hicieron un contrato. Cobraba 35.000 pesetas de la época. Hice el Mundial de Italia de 1990 con Colpisa y a la vuelta me contrató El Mundo y me encargaron el baloncesto porque el fútbol estaba muy copado. Luego hice el seguimiento de la Selección Española de fútbol. Con Clemente fui al Mundial del 94, y luego al del 98, en Francia. Entre tanto cubrí dos Juegos Olímpicos: Barcelona 92 y Atlanta 96. Hice crónicas de todo tipo, hasta Judo, Vela y Tiro con Arco, quedaron todos muy contentos. Me gusta mucho el deporte aunque mi pasión es el Real Madrid. Luego ya, en 2001, me contrató el diario As para que hiciera solo información del Real Madrid. Y ahora, eso, As, Cadena Ser y en televisión, “El Chiringuito”.

—Aquellas épocas gloriosas del periodismo...., pero centrándonos en el deporte, ¿cómo ha cambiado de un tiempo a esta parte el periodismo deportivo?

Ha cambiado por completo. Cuando voy a la Universidad a dar charlas a los estudiantes les explico algo que les suena a chino pero creo que es la salvación para mantener el periodismo deportivo en esencia vivo: que el ordenador, el móvil o la tablet nunca te va a facilitar ninguna noticia propia, o sea, que no hay más remedio que salir a cazar la noticia porque ella no va a llegar a tí. Las noticias se consiguen en la calle, en un bar tomando unas copas, en una comida, en un callejón, no sé. Ahí está la historia y siempre hay alguien que se suelta la lengua y te cuenta cosas que quizá no debería contar,  y tú tienes que estár ahí atento. Por wasap no te va a dar nadie una primicia. El hígado se resiente, sí, pero es el precio que tenemos que pagar los periodistas de verdad. 

—Uno de los últimos fenómenos es el del periodista militante, el de trinchera, tú por ejemplo, periodista madridista, o el del atleti o Barsa, ¿esto ha beneficiado o perjudicado al ejercicio del periodismo?

A ver, todo ha cambiado mucho en poco tiempo, la vida, la sociedad...el fútbol. Hombre, yo estoy orgulloso de mi manera de reflejar en los medios mi amor por el Madrid. Desde siempre he sido muy apasionado pero considero que he sido siempre honesto porque nunca caí en el integrismo informativo. Y cuando algo no me ha gustado lo he criticado. Hubo un momento crucial, cuando el Madrid gana la séptima con el gol de Mijatovic a la Juve. Yo me puse como un loco y en los micrófonos de Onda Cero la armé buena, gritando, cantando el himno, ufff! Al día siguiente, mi jefe en El Mundo me recriminó esa actitud y me llamó hooligan y me dijo que si fuera por él estaría en la calle. Y yo estaba tan feliz que le dije: pues ve a Pedro J. y dile que me eche. Y al rato volvió, cabizbajo y hundido, porque Pedro J. le dijo, “de echarle nada porque trabaja muy bien”. Por cierto, un año después al que despidieron fue a él. Yo me la jugué porque en aquella época un periodista no podía decir de qué equipo era. El único que lo decía era José Ramón de la Morena, que era del atleti, pero claro, ya se sabe, ser del Atleti parecía como entrañable y demás, equipo perdedor, el Pupas, y todo eso, bah! y luego Sabina: qué manera de perder, qué manera de palmar, y parecía hasta romántico ser del atleti. Y una mierda. O sea, que estaba mal visto que un periodista desvelara sus colores. Pero yo lo mantuve. Puedo presumir que fui un pionero en esto, y ahora, ya ves, todos los periodistas supuestos con su bandera y su escudo en todas las radios y televisiones. Pero yo, a lo mío, soy madridista, sí, pero las cosas que no me gustan de mi equipo las suelto con toda sinceridad y me quedo tan a gusto, no como otros. Si tapas lo que consideras verdad estás perdido. Y hay muchos periodistas que no se enteran.

—Mucha gente os compara con el periodismo “basura” de la prensa rosa que realizan programas como “Sálvame”, en Telecinco.

Lo que hacemos lo diferencio mucho de esos programas como “Sálvame”, creo que no es justo que nos comparen con ellos. Porque una de las cosas que es fundamental en “El Chiringuito”, por ejemplo, es la información. Ahí se dan noticias, muchas exclusivas, Pedrerol aprieta y la gente levanta teléfonos y trae historias. Tú tienes que contar cosas, aparte de levantar tu bandera. 

—Programas como el tuyo, “El Chiringuito” se han convertido en un espectáculo, una supuesta provocación para meter ruido y crear audiencia.

Ahí no tenemos guion, hay veces que yo estoy muy tranquilo, hasta que me alteran. Cuando alguien desprecia sin motivo al Madrid siento que se está metiendo con mi familia, entonces salto a su cuello. 

—Por ejemplo, hablamos de Cristóbal Soria.

A Soria lo que le pasa es que al no ser periodista, aunque haya sido hombre de fútbol, árbitro, delegado del Sevilla...juega su papel de hincha furibundo. Soria en el As no tendría hueco porque no es profesional, pero, digamos, que en el formato de El Chiringuito sí lo puede tener. 

—¿Has tenido, fuera del formato del programa, enfrentamientos serios con algunos de tus compañeros de tertulia?    

Se han producido encontronazos serios como el de Siro López y Cristina Cubero con Pedrerol, que se fueron del programa, de verdad. Yo me he calentado a veces, y he tenido que contar hasta diez por sentir una falta de respeto excesiva. Luego me desahogo con quien sea y ahí queda la cosa porque he aprendido a gestionar mis emociones. 

—¿Quién es el tertuliano de El Chiringuito que más te carga?

El que más me calienta y no puedo soportar es al Lobo Carrasco, que va de educado y tal y cual y es muy falso, es sibilino, toda una pose. Porque va de ecuánime y, a la primera, no desaprovecha la ocasión para meterle un bajonazo falso al Real Madrid. Tiene mala intención y sabe donde golpear. Me crispa mucho más que Soria, Jota Jordi o Carme Barceló. 


—¿Crees que hay un sentimiento antimadridista que en el seguidor del Madrid no se da tanto hacia otro rival?

Correcto. Los madridistas siempre decimos que estamos nosotros y luego, el resto del mundo, que es antimadridista. Al Madrid o lo amas o lo odias, porque esos que no son del Madrid comprueban que el Madrid es el poder y la excelencia, es el mejor, sigue ganando Ligas y Champions y no hay quien lo pare y no lo pueden soportar. A los antimadridistas les escuece la envidia. Si eres del Madrid no te lo preguntas, y mira los del Atleti, ahí están con esos tristes spots: ¿Papá, por qué somos del Atleti? Eso no lo pregunta un hijo madridista a su padre. Esos que odian al Madrid tienen un rechazo de rabia emocional por haber elegido mal a qué equipo seguir. 

—También se suele decir que ser del Madrid es lo fácil porque gana casi siempre.

Falso, ser del Madrid es lo más difícil porque en la gloria del Madrid reside su maldición: está condenado a ganar y a hacer feliz a sus seguidores. El Madrid es el único equipo del mundo que puede ganar una Copa de Europa como la que ha ganado este año, la 14, nada menos, y al día siguiente el aficionado blanco dice: ¡hay que ir a por la 15! Somos insaciables. La victoria la disfrutamos muy poco tiempo. El Bernabéu tiene un nivel de exigencia duro y muy noble. El Bernabéu elige cuando hay que animar, hay muchos obreros en la grada que se sacrifican por ir a ver a su equipo lleno de estrellas multimillonarias y son ellos, las estrellas, las que tienen que dar satisfacción y gratitud a la grada, y no al revés. La del Madrid es la afición más seria y rigurosa, exige al equipo a la altura de su historia, como debe ser. Lo demás es pantomima y cursilería. El otro día el Bayern le mete 3 al Barsa en el Campo Nuevo azulgrana y todos animando y los jugadores aplaudiendo a la grada. Puaf, que asco. Eso no pasaría en el Bernabéu.

—También es un mantra histórico eso de que los árbitros siempre favorecen al Madrid, y visto lo visto esta temporada, por no remontarnos más atrás, no parece que sea muy real.

Claro que no, mira, el Madrid es el rival a batir incluso para los árbitros. Si un árbitro se equivoca contra el Madrid sabe que ese núcleo antimadridista le va a aplaudir; si se equivoca a favor estigmatizan al árbitro. Y qué casualidad que a todos los que se han equivocado en contra del Madrid les ha ido mejor en su organización que a los otros que se equivocan a favor. ¿El penalti que le pitan a Asensio contra el Gerona es penalti? ¡Venga ya, hombre!


—¿El VAR está matando al fútbol?

Totalmente. Yo, al principio, estaba a favor, las nuevas tecnologías, por fin, los goles en fuera de juego se van a anular y todo eso. Pero, ay, parece que lo contaron mal. Lo que antes era “línea”, ahora, por una uña es fuera de juego, depende quien juegue, claro. Por una miserable uña, o la punta de la nariz, un jugador no se aprovecha de una jugada, no tiene ventaja, pero ahí está el maldito VAR y se detiene en la uña y en la nariz. Luego, en las tarjetas rojas alevosas el VAR no interviene, como en la de Marcos alonso de la otra semana. Y los penaltis los pitan cuando les sale de las narices, los “penaltitos”. El Comité de árbitros sentenció que los “penaltitos” no se pitaban, pues, ahí lo tienes, pitan los que les da la gana al que está en la sala esa de VAR. Utilizan la tecnología a su antojo, y suele ser contra el Madrid, claro.  

—¿Si te ofrecieran dirigir un programa deportivo en televisión, qué cambiarías o aportarías?

Va a sonar a falsa modestia, pero yo siempre digo lo de “zapatero a tus zapatos”. Yo no podría dirigir un programa. El director tiene que tener una visión global, aparte de las afinidades que le sacudan, tiene que tener una óptica más o menos aséptica, ecuánime, distinta a las subjetividades de cada uno de los colaboradores. Y yo no podría. Sería capaz de hacer un programa dirigido solo a madridistas, pero en un programa deportivo se me notaría mucho que la cabra tira al monte.   

—¿Cómo calificarías la figura de Ancelotti?

Un maestro, un sabio de verdad, y un caballero en todos los sentidos.   Ω

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