12-07-2019 12:38 p.m.

JULIO-AGOSTO 2019  /  ENTREVISTAS

Alfonso Colodrón, un verdadero cosmopolita en Pozuelo

12-07-2019 12:38 p.m.

Un vecino de Pozuelo al que lo correcto sería definirle como un vecino del mundo
Por Carmen Millán

Alfonso Colodrón Gómez-Roxas, apellido que unió su abuela para que no se perdiera. Procede de una gran familia de 10 hermanos, de padre vallisoletano y madre china. Nos cuenta que su espiritualidad le viene de familia devota, de rosario diario. Un hombre ampliamente formado, que lo deja todo para recorrerse el mundo, impregnándose de las costumbres y culturas de cada país que visitaba. Pionero en terapias humanistas. Se define como jardinero de plantas y de personas. Padre de dos hijas. Autor de 9 libros y 100 traducciones. Llegó a Pozuelo en el 98 y desde entonces está comprometido con el municipio aportando su gran granito de arena. Se siente especialmente or  cgulloso del primer árbol que plantó, fue en Pozuelo junto a su padre, un pino en frente del Torreón, que a día de hoy luce enorme tras 49 años. Con una energía desbordante, sabe aprovechar cada minuto que la vida le brinda.

—¿Cómo termina un vallisoletano con una filipina?
Mi abuelo era jesuita y estaba de encargado del observatorio astronómico de Manila, donde conoció a mi abuela que iba a veranear. Se casaron ya mayores y decidieron adoptar. En el año 1918 se vuelven a España. Cuando mi madre tenía la edad, se metió a estudiar filosofía y letras, siendo mi padre profesor auxiliar en la facultad. Él la enamoró con sus poemas.

—¿Dónde vivíais?
Su primera casa fue en la Glorieta de San Bernardo pero al estallar la guerra civil se mudaron a Zaragoza. Mi padre era Catedrático de Lengua y Literatura y cuando salió una plaza en Granada se volvieron a trasladar y allí nací yo en el año 45 en la Carrera del Darro, junto a la Alhambra. Para mí fueron los mejores años, allí fui muy feliz durante 16 años. En Granada mi padre era una autoridad como catedrático. Él escribía libros de texto que le compraban colegios católicos de toda España, era un negocio familiar y todo lo hacíamos desde casa, lo que suponía un complemento de sueldo muy válido para una familia con 10 hijos, llegando a vivir en la casa 14 personas cuando mi abuelo paterno y mi tía se vienen a vivir con nosotros.

—¿Por qué volvéis a Madrid?
En aquella época casi no había universidades y mi padre quería que estudiáramos una carrera

—¿Qué estudiaste?
Me licencié en derecho y después me fui a Francia con una beca que me concedieron para estudiar el doctorado en derecho laboral. Allí me licencié en Ciencias Sociales del Trabajo por La Sorbona, una carrera que aún no había llegado a España.

—¿Cómo aterrizáis en Pozuelo?
Mi padre en aquel entonces trabajaba en Guadalajara y diariamente iba desde Madrid, lo que le suponía una hora y media de camino. En el año 68 sale a concurso el primer instituto de Pozuelo que en aquellos tiempos era una delegación del instituto Cisneros y le hacen Director. Mi madre que era un lince para las oportunidades, compró un chalet en frente del Torreón y allí se instalaron. Pero yo aún no me vengo.

—¿Y dónde vas?
Estuve dos años y medio en París y en el 70 vuelvo a Madrid a trabajar en el Ministerio de Trabajo durante un año. Harto del trabajo, con 25 años, decidí irme a Nueva York para trabajar y aprender inglés y estuve cuatro meses trabajando por las noches en un cine gracias a un amigo de mi hermano.

—Dejas tu formación y trayectoria para dar la vuelta al mundo ¿A qué se debe este cambio?
Estaba muy decepcionado, fundamentalmente por la política. En París, aunque no militaba en ningún partido, me adentré en política y fue decepcionante ver cómo predicaban lo contrario a lo que hacían. Hay muchas personas que se les sube el poder a la cabeza.

—¿Cómo trascurre ese gran viaje?
Comencé por Méjico, casi toda América Latina y luego me embarqué en un barco carguero de Perú a Japón donde estuve 4 meses y donde me fue muy bien. Partí a Pekín, depués Hong Kong, Taiwan y Australia. Viví durante un año y medio recorriendo el Pacífico y en un velero me fui destino Nueva Zelanda. En todos los países que he vivido me he involucrado en su sociedad, en sus costumbres y su cultura pero por mucho que se viaje por el mundo o te quieras integrar, toda la vida sigues siendo un extranjero.

—¿Con qué país te quedas?
Nueva Zelanda ha sido el lugar soñado junto con la India, China y Japón. Mi cultura preferida es la balinesa.

—¿Cuándo regresas para quedarte en Pozuelo?
En el año 98. Vine primero a la casa de un hermano que estaba vacía porque él vivía fuera, hasta que me compro a los pocos años la mía. Trabajaba de traductor y mi mujer daba clases de yoga. Ella fue la que me empujó a dedicarme a las terapias siendo pionero en ser terapeuta humanista, me fui a formarme a Ginebra.

—¿En qué consisten esas terapias?
Son Terapias de Desarrollo Personal. Aptas para todas las personas aunque cada una tiene su ritmo. La mayoría de las personas se identifican con el poder, el dinero, la fama, lo material….siempre digo que eso es la espuma de la ola, tenemos que sumergirnos en la ola y darnos cuenta que ahí es donde reside la calma. Lo mejor de estas terapias es cuando veo los resultados reflejados en las personas, es toda una satisfacción. Doy las sesiones individuales en mi casa.

—Háblame de tus libros.
Tengo escritos 9 libros de autor y realizado 100 traducciones. Mi primera traducción fue "Relato de un minuto" y la 100 "El libro del té". La mayoría de los libros los he escrito a petición.

—¿Por qué estas tan involucrado con Pozuelo?
No se vivir de otra manera, siempre me involucro donde estoy. Me gusta comprometerme con mi calle, mi barrio, mis vecinos… si veo la calle sucia intento cuidarla.

—¿Te gusta la jardinería?
Me gusta mucho, he plantado más de 1000 árboles. Me he dedicado durante muchos años a crear, cuidar y mantener el jardín público Los Hortales, nadie lo hacía y era una verdadera pena como lo tenían, he invertido muchísimas horas.  Hasta hace dos años que empezaron las obras en la zona.

—¿Cómo es un día en la vida de Alfonso?
Me levanto con el sol, recojo un poco la casa y le doy de comer a los pajaritos. Si hace un buen día, cuido lo que tengo plantado, perejil, tomates, fresas…y a mis geranios y petunias. A las 9:30 empiezo mis terapias en casa y al finalizar me voy al polideportivo y realizo ejercicio de máquinas, me meto en la piscina y por último al spa y la sauna. Dos días por semana suelo hacer baile latino. Intento comer temprano, siesta de media hora y por las tardes si no tengo terapias, escribo. pertenezco a la Casa del Jubilado y he ingresado en el Coro Rock de la Escuela de Música en la Avd. de Europa 16 donde voy todos los viernes a ensayar.   Ω

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