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REDACCIÓN - A pocos kilómetros de Pozuelo de Alarcón, Majadahonda y Boadilla del Monte, Madrid escondió durante décadas una historia que parece sacada de una película: calles polvorientas, saloons, caballos, pistoleros y un poblado construido para parecerse al lejano Oeste americano.
Se llamaba Golden City y estaba en Hoyo de Manzanares.
Antes de que los paisajes de Almería quedaran asociados para siempre a los spaghetti westerns, este rincón de la Comunidad de Madrid se convirtió en uno de los lugares donde comenzó a tomar forma el western europeo.
Y por sus decorados pasó incluso un actor que todavía estaba muy lejos de convertirse en una de las grandes leyendas de Hollywood: Clint Eastwood.

Clint Eastwood durante el rodaje de un spaghetti western.
«El western europeo nace en Hoyo de Manzanares»
El director de cine Víctor Matellano reivindica la importancia histórica de Golden City y sitúa este enclave madrileño en el origen de un fenómeno cinematográfico que después se extendería por España y otros países europeos.
«El western europeo como tal, consolidado, nace en Hoyo de Manzanares», sostiene el cineasta.
La historia comenzó cuando unos productores italianos llegaron a la zona buscando un paisaje que recordara al oeste de Estados Unidos. El terreno elegido ofrecía el aspecto que necesitaban, pero el proyecto inicial era mucho más modesto.
La idea era levantar unas simples fachadas para rodar una película.
Sin embargo, los decoradores propusieron algo diferente: construir un auténtico poblado permanente que pudiera utilizarse en diferentes producciones.
El productor Eduardo Manzano aceptó la propuesta y así nació Golden City, considerado el primer poblado cinematográfico estable dedicado al western en España.
Las primeras películas
El poblado comenzó a funcionar con los rodajes de 'El sheriff terrible' y 'Cabalgando hacia la muerte'.
A partir de ahí, Hoyo de Manzanares empezó a recibir nuevas producciones.
Madrid, que hoy continúa siendo uno de los principales centros audiovisuales de España, ya demostraba entonces su capacidad para convertirse en escenario de historias completamente diferentes a la realidad cotidiana de sus municipios.
Durante aquellos años, las montañas y explanadas del entorno madrileño podían transformarse, gracias a unos cuantos decorados y mucha imaginación, en cualquier rincón del Oeste americano.
Clint Eastwood todavía no era Clint Eastwood
Golden City quedó definitivamente ligada a la historia de 'Por un puñado de dólares', la película de Sergio Leone que cambió para siempre el western europeo.
El rodaje contó con Clint Eastwood, aunque el actor todavía estaba lejos del estatus que alcanzaría posteriormente.
Según recuerda Matellano, Eastwood era entonces conocido principalmente por su participación en la serie 'Rawhide'.
«Clint Eastwood todavía no era Clint Eastwood», resume.
La producción estaba muy lejos del lujo asociado a las grandes estrellas de Hollywood. El equipo trabajaba con recursos limitados y apenas disponía de medios para los desplazamientos.
Matellano recuerda que el actor comía bocadillos, dormía la siesta en el coche y apenas podía comunicarse con buena parte del equipo debido a la barrera del idioma.
También considera «bastante claro» que fue en Hoyo de Manzanares donde Eastwood se puso por primera vez el mítico poncho que terminaría convirtiéndose en uno de los iconos más reconocibles de la historia del cine.

El Director de Cine, Teatro y Escritor Cinematográfico, Víctor Matellano.
Sin teléfono ni electricidad estable
La realidad de aquellos rodajes poco tenía que ver con las grandes producciones actuales.
Golden City no contaba con teléfono ni con un suministro eléctrico estable. Los equipos recurrían a grupos electrógenos y, cuando era necesario realizar una llamada importante, había que desplazarse hasta el pueblo.
En una ocasión, según relata Matellano, un problema relacionado con los pagos obligó incluso a localizar a Eastwood mediante el teléfono de un bar.
Era otro tiempo.
Pero aquellas dificultades no frenaron la actividad. Al contrario, Golden City terminó convirtiéndose en una pequeña industria que transformó temporalmente la vida de los municipios cercanos.
Una revolución económica para los pueblos
El cine no solo dejó películas.
También dejó trabajo.
Los westerns necesitaban caballos, figurantes, conductores, comida, transporte y mano de obra. Buena parte de esos servicios procedían de Hoyo de Manzanares y de los pueblos del entorno.
Matellano recuerda que trabajar en una producción cinematográfica podía llegar a proporcionar a algunos vecinos ingresos equivalentes a varias jornadas de trabajo agrícola.
«Era una revolución para los pueblos», explica.
La relación del propio director con aquella época es también familiar. Su padre, su abuelo y su tío participaron como caballistas en diferentes rodajes del Oeste.
Aquella experiencia terminó influyendo incluso en su vocación profesional.
«Eso forja pasiones como la mía y profesiones como la mía», afirma Matellano, que actualmente trabaja en el documental 'Clint Spain Connection', centrado en la relación de Clint Eastwood con España.
De Golden City apenas queda un abrevadero
El paso del tiempo, sin embargo, fue borrando el poblado.
Cuando los rodajes dejaron de llegar, Golden City comenzó a deteriorarse. Las estructuras fueron desapareciendo, la madera se perdió y los decorados acabaron sucumbiendo al abandono.
Hoy, según explica Matellano, apenas queda un antiguo abrevadero, conservado por su posible utilidad ganadera.
El lugar donde una vez se levantaron calles del Oeste forma parte actualmente del entorno del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, lo que complica una hipotética reconstrucción exacta del poblado.
Pero el cineasta considera que todavía existe una oportunidad.

Hoyo de Manzanares, situado al noroeste de la comunidad, en la ladera sur de la homónima sierra de Hoyo de Manzanares, uno de los montes-isla más importantes de la vertiente sur de la sierra de Guadarrama.
El reto de recuperar una historia casi olvidada
Matellano defiende la posibilidad de recuperar parte de la memoria de Golden City mediante recreaciones o instalaciones situadas en terrenos cercanos.
No necesariamente reconstruir todo el poblado original.
Bastaría con ayudar al visitante a entender qué ocurrió allí.
«No solo sería interesante, sino necesario», sostiene el director.
Su planteamiento conecta con una tendencia cada vez más presente en diferentes territorios: el turismo de pantalla, que aprovecha localizaciones cinematográficas y televisivas para atraer visitantes.
Para los municipios del oeste de Madrid, donde el patrimonio natural, histórico y cultural forma parte de su identidad, Golden City representa además una historia cercana y sorprendente.
Muy cerca de las urbanizaciones, carreteras y ciudades que hoy forman parte de la vida cotidiana de Pozuelo, Majadahonda o Boadilla, hubo un tiempo en el que Madrid podía convertirse, por unas semanas, en Arizona.
Y donde un actor prácticamente desconocido se puso un poncho.
El resto es historia del cine.
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