MÁS IDEAS UTILES Y MENOS IDEOLOGIAS PARALIZANTES

21-10-2020 11:03 a.m.

Por Adolfo Moreno
Vecino de Pozuelo de Alarcón
Miembro de la corporación municipal

El Covid-19, la pandemia que nos ha tocado vivir en nuestro tiempo, se extiende ya desde hace 10 meses por el planeta, sus efectos se notan en todos los ámbitos de la vida pública y está trayendo cambios muy importantes en nuestras formas de trabajar, de estudiar, de hacer negocios, de relacionarnos.

La crisis de la pandemia está acelerando la transformación de nuestras sociedades, por un lado, se hace imprescindible la alfabetización digital de los ciudadanos, las empresas están innovando adecuándose a nuevos marcos de trabajo (teletrabajo), los comerciantes y autónomos intentan adecuarse a nuevos retos profesionales. Las ciudades, el transporte, las relaciones sociales, el ocio, todo cambia, los viejos paradigmas que hemos conocido durante nuestra vida se modifican obligados por la nueva situación, todo ello en un escenario de profunda crisis económica y de valores, donde la inseguridad y la incertidumbre elevan su protagonismo.

Ante esta situación de crisis (de cambio) la ciudadanía asiste, entre el hartazgo y la incredulidad, a la permanente bronca política de aquellos profesionales a los cuales les concedió su representación para transferirle la responsabilidad de la toma de las decisiones en la búsqueda del bien común.

En un mundo donde la economía, la sociedad, la tecnología, la infraestructura, sufren grandes y rápidas transformaciones, nuestro políticos siguen con las viejas recetas de los bloques, del enfrentamiento sistemático, de la falta de dialogo y acuerdos, todo ello en un contexto donde la inmensa mayoría de los ciudadanos intentan a marchas forzadas sobrevivir.

¿Como no se va a generar en este entorno una creciente desconfianza de los ciudadanos hacia sus gobernantes?

¿Que se puede hacer?

En primer lugar solicitar (más bien exigir) a nuestro gobernantes que se sienten, que hablen, que acuerden, que se equivoquen o que acierten, pero pensando en el bien común y no solo en sus intereses cortoplacistas. Que abandonen las trincheras inútiles y la mediocridad del “y tú más “, ya que si seguimos instalados en ese entorno, solo nos espera un escenario de dificultades y pobreza.

En segundo lugar, es vital  más participación ciudadana en las decisiones públicas, es hora de reflexionar y modificar nuestra forma de pensar y dar un paso adelante en el interés de todos nosotros por la vida pública, hay que participar, bien desde las organizaciones políticas o desde la propia sociedad civil. La participación ciudadana y el asociacionismo es crítico en estos tiempos.

En tercer lugar, nuestros representantes deben de consultar más a los actores sociales para la mejor toma de decisiones, no debemos olvidad que la concesión  a través de un  sistema de representación electoral (democracia representativa) no abstrae de esta posibilidad sino más al contrario, debe de potenciarla. Los gobernantes deben de consultar con otros partidos, con las asociaciones, con los actores de la comunidad incluso directamente a los ciudadanos, con regularidad y asiduidad.

Consultar a la ciudadanía sobre temas que les afecten en su día a día (y particularmente en el ámbito municipal) debe de estar en el ADN de nuestros representantes, de esta forma el ejercicio del poder validaría mucho más a nuestros políticos electos con otras visiones y los legitimaria aún más ante la ciudadanía en sus decisiones públicas.
No voy a caer en este punto, en la tentación de hablar de la crisis de las ideologías o incluso reflexionar que en un mundo tan conectado e interrelacionado, las ideologías han muerto, pero si voy a apostar por una visión de la representación política mucho más dirigida a las ideas que generen bien común (vengan de donde vengan) y  menos enquistada en ideologías.

Para esto, es imprescindible que surjan líderes, que haya agrupaciones de ciudadanos y que los partidos políticos tomen esta agenda de trabajo en los asuntos públicos, en resumen, que trabajen decididamente en este camino y que volvamos a prestigiar la acción política como modelo de avance y protección social, donde todos estemos involucrados.

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