Si continúa la navegación por nuestro sitio web estará aceptando nuestras condiciones, que puede consultar en:

MAYO DE 2024  /  LAS BUENAS MANERAS

EL CHÁNDAL

14-05-2024 8:38 a.m.

En ocasiones a uno le gustaría gozar de un poder omnímodo que le permitiese prohibir ciertas cosas y castigar sin piedad a las y los infractores de nuestras normas. Dicho esto tengo que contarles que a mí me gustaría poder prohibir que la gente saliese a la calle vestida con un chándal, y de paso me gustaría imponer fuertes multas a quienes se atreviesen a hacerlo a pesar de mis advertencias.

Recuerdo perfectamente que, hace ya un montón de años (entre las décadas de los 60 y los 70 del siglo pasado), cuando era adolescente y estudiaba el bachillerato, y también cuando me dio por practicar el atletismo, el chándal era una prenda que usábamos única y exclusivamente dentro de los recintos deportivos. En el colegio nos poníamos el chándal para hacer gimnasia en el patio, sobre todo en invierno, y en el estadio de atletismo lo usábamos sobre el pantalón corto y la camiseta para el calentamiento y para los espacios de tiempo que pasábamos inactivos, sentados en las gradas, viendo competir a nuestros compañeros.

También veíamos desfilar con chándal a las representaciones de los distintos países que participaban en competiciones atléticas, y las y los tenistas aparecían con chándal en la pista, para después hacer un discreto strip-tease y quedarse en pantalón, o faldita, y camiseta.

Pero de pronto a alguien se le ocurrió la atroz idea de salir a la calle ataviado con un chándal, y ocurrió lo peor que podía haber ocurrido: a otras personas les pareció buena idea y el rebaño actuó como siempre, imitando a los demás. El chándal llegó así, de pronto y no poco a poco, a convertirse en algo imprescindible para toda una masa de ciudadanas y ciudadanos de esos que, como las que no se peinan o los que no se afeitan todos los días, no tienen en absoluto en cuenta si van a herir o no la sensibilidad de quienes les rodean.   Ω