Miércoles 22 de abril

22-04-2020 7:25 p.m.

Por Ricardo Rubio
El arte no cambia nada, el arte te cambia a ti.
David Lynch

La poesía es porosa. Los versos son capaces de rellenar esos huecos. Espacios vacíos donde las palabras se divierten con nuestra mente y la hacen volar. Amor, dolor, vacío, plenitud. Imitan cualquier cosa que tenga emoción, pasión, mundo interior.

Se adentra y recoloca. Apenas hace ruido. Nada determina cuanto tiempo se quedará, si se extinguirá o simplemente se desintegrará siendo parte del todo. Mientras, un silencio que se ahoga y un espacio común recuperado sigue siendo nada. Nadie sale. Todos esperan un minuto más. Y amanece. Y sale el sol una vez más. Y las nubes filtran espacios de luz. Recuerdo que anoche todos dormían. Yo no. Amanece por fin.

No está lejos. Es salir del pueblo y el campo lo inunda todo. Pero parece un decorado. Si te das la vuelta ves la carretera. Tres carriles de ida y tres de vuelta. A lo lejos un edificio monumental “Palacio–Convento” del Cristo de Rivas. El tractor de Javier acelera. Los charcos salpican las márgenes de la carretera. Una vaca mira con pasmo el paso ruidoso por los baches cercanos a la valla. Balizas de paja, margaritas, broza. Las últimas lluvias se están comiendo los cultivos. Pero no hay manos. Están confinadas. Nadie sabe si para cuando salgan, la tierra las estará esperando.

EL Covid19 ha cambiado la manera de hacer llegar el producto a los clientes. Lo que no ha cambiado es su proyecto de agricultura ecológica. Su ciclo de la vida y su filosofía de cooperativa.

Mira ven acércate... este bicho verde se come la hoja pero no usamos ningún liquido para acabar con él. Siempre habrá otro insecto que lo haga. Así es la naturaleza. Equilibrio ante todo. Tocar la tierra te reconcilia contigo mismo.

Javier no se para a pensar demasiado después de desbrozar, coger puerros, cardos, preparar las cajas etc... Carga la furgoneta y volamos a Madrid. Entregamos en casas, mercados, comunidades… casi se me olvida que estamos en confinamiento. Las calles murmuran. Empiezan a levantar la voz. A veces confundo la memoria y las fotos. No se si hice las fotos o simplemente esperé a que todo sucediera.

En realidad da igual porque todo está en mi mente. En el coche, con la música a todo volumen, viajo con el pensamiento. Me desplazo con la últimas noticias de la radio, con el último mensaje de móvil, con el último murmullo de Javier.

Qué pena no poder abrazarnos me dice J al despedirnos. Los pantalones llenos de tierra. Barro en las botas. Algo me dice que todo esta a punto de acabar. El corazón late fuerte.

Y tantas cosas a punto de empezar.

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