La vida en Pandemia. Esperando nada

12-05-2020 10:02 p.m.

Por Ricardo Rubio
Hoy había motivos más que de sobra para poder escribir sin torcerme. Sin tachones. Sin arrugar cada hoja desierta de talento.

Pero hoy todo es papel mojado.

El día Internacional de la Enfermera un día mas. Con todo merecimiento. Con mucho orgullo. 

11 años de la muerte de Antonio Vega, malabarista de las palabras. Poeta del olvido y la cordura.

Hoy día de lluvia con la que cauterizar las penas y limpiar cualquier motivo de dolor intemporal. Hoy que esperaba llegar a ver sombras en color. Sin más. 

Y es que un día todo es azul y otro gris oscuro casi negro. Porque la vida es así. Te deja respirar y que pienses que tú eres el que domina la situación. Te deja que tengas sueños, que te enamores en el momento más inesperado. Te deja incluso temporadas en las que te intrigas con que todo vaya tan bien. Y un día sin más es capaz de arrebatarte lo más grande. Como en esas colas de los bancos de alimentos donde algunos se miran y ya no se reconocen. Como en ese momento en el que alguien se ve con una maleta dando vueltas buscando un sitio donde dormir. O un mundo lleno de miradas perdidas de iguales que demacrados por la tremenda confusión de su mente se han visto abocados a la calle, a vagar distraídos para siempre.

Es difícil de comprender para los que hacemos sonar la puerta a nuestra espalda cada noche. Un acertijo muy complejo el saber como se llega a ese lugar. Pero ahora más que nunca sabemos que llegar se llega a todas partes. Incluso a las más inesperadas. Incluso a las más deseadas. También sabemos que de vez en cuando la vida se encarga de recolocar a su antojo los días de todos. Y no me gusta. Este libre albedrio tan cruel no me gusta nada.

La tarde no iba a ser fácil. El estado de ánimo no acompañaba. Hoy tocaba huerto urbano. La verdad, tiene su merito en medio del caos y las obras de Madrid plantar cualquier cosa y que crezca. Y tiene su merito sobrevivir a esta pandemia de estupidez que ilumina a unos en detrimento de otros. Mientras unos se ocupan de salvar el planeta otros se encargan de hundirlo. Y llego a la conclusión muchas veces de que no sé quién es quién.

Con una lluvia incesante y horas metido en el barro en medio de las obras y del huerto urbano he sentido que alguien me empujaba a disparar y disparar. La lluvia, los charcos, las zapatillas rotas y mi cámara. Una y otra vez disparando como si todo estuviera bien.

Había mil motivos para escribir hoy. Mil razones para tener aliento y sobrevivir un día más a esta pandemia. Pero a la vida le ha dado por recolocar sus piezas de nuevo y se ha llevado a Cesar. Y con él se lleva una parte de la historia de muchos fotógrafos de este país.

¡Descansa en paz!

“y pasó tanto tiempo que llegue
a ver sombras en color.
y pasó tanta gente por delante
que nadie me vio ”
. Antonio Vega