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🕘 12 minutos de lectura - Por Germán Pose / Imagen: Mario Luis
Por las venas de Estrella Morente (Granada, 1980) fluye el torrente de sangre de artista irrepetible de su padre Enrique, fallecido hace ahora 15 años. Estrella, desde niña se fue empapando de esa herencia pura y brillante y elaboró su propio cóctel personal de figura escénica trago grande. Ahora nos vuelve a asombrar con su nueva obra “Estrella a estrellas”, una danza musical de flamenco y jazz donde, por arte de birlibirloque, se embragueta como si tal cosa con Billie Holiday o Nina Simone, y las empapa del aire de ensueño de unas gitanas de Jerez. Y ahí estuvo Pozuelo IN una tarde de otoño disfrutando de ese mágico encuentro.

—Estrella, ¿cómo sientes ahora mismo tu momento de artista?
Es una sensación de gozo y compromiso. Estoy valorando más que nunca mi profesión y te lleva por muchos caminos, por ejemplo, escuchar a los clásicos, recrear una época gloriosa no solamente a través del cante, sino de la imagen, la expresión. Es una etapa extraordinaria que traspasa la ilusión porque hay mucho compromiso que no puedo eludir. Tengo 45 años y siento que estoy al principio del camino.
—¿Te ha pesado mucho en tu viaje artístico ser la hija de Enrique Morente?
Al principio sí, era como una losa, tener que estar a la altura de ese genio que era mi padre no era fácil y a veces te debilitaba como ser humano y artista. Pero aquí estoy y quizá el secreto es estar fuera de las modas. Eso lo he mamado en mi casa, guiarme por ese espíritu inquieto y morentiano que ronda por nuestra casa y no nos suelta a nadie. Llamarse Morente es sinónimo de arte y de cultura y esencia flamenca y tener la capacidad de conectar con la vida que nos lleva.
—En el momento de la creación se goza y se sufre, cómo llevas ese juego?
Para mí todo fluye hasta que se te borra la sonrisa. Ahí esta la clave, eso no es ni bueno mi malo, es una medida estupenda. Eso se lo escuché a mi padre y, de alguna manera, quería decir que había que huir de los excesos, que no traen nada bueno. Y tiene que ver mucho con alcanzar el punto del temple.

—Acabas de estrenar una obra: “Estrella a estrellas”, dedicada a grandes mujeres del jazz, del rock, también del flamenco, ¿qué ha significado esto para ti?
Sobre todo es un agradecimiento, un homenaje a estas mujeres maravillosas que forman parte de la historia. Para mí, desde que era niña el jazz ha tenido una gran influencia en mi carrera musical. Mis padres estaban enamorados de Nina Simone, Ella Fitzgerald, Billie Holiday….Todas ellas sonaban siempre en casa, y También artistas de música clásica, de la ópera, como María Callas o Victoria de los Ángeles, pero, claro no podía incluir a todas. Aunque sí, por supuesto, está Rocío Jurado, la Dúrcal o Chavela Vargas.
—De todas ellas, de todos esos géneros que recreas con cual te sientes más identificada?
Bueno, en realidad todo ha partido del jazz, pero yo soy flamenca ante todo. Pero el mundo del jazz siempre me sedujo y junto a mi padre he vivido experiencias maravillosas, había artistas de todo el mundo y nos entendíamos muy bien sin necesidad de conocer el idioma. Todo el arte está conectado.
—Has llegado a decir que Billie Holiday era La Niña de los Peines.
Las comparaciones son odiosas, pero quería decir que están a la misma altura artística. La voz de Billie Holiday y la de La Niña de los Peines tienen un sonido mágico que las liga. Son coetáneas y gente brava y valiente que derramaban arte por cada poro de su piel y se rebelaban ante situaciones injustas como el maltrato a las mujeres.
—Representantes de un feminismo puro, no?
No quiero hablar de ese término, el feminismo. Yo prefiero entenderlo todo de manera natural. No soy de extremismos y en mi casa nos educaron con respeto, no había nadie por encima de nadie, por supuesto el machismo no existía y eso que estábamos conviviendo con los más grandes gitanos de tradiciones. Mi casa era como un matriarcado en la que se respetaba mucho la opinión de las mujeres.
—¿Qué significó para ti Enrique Morente como padre y como artista?
Para empezar era un buen padre, un hombre honesto, noble y justo. Una persona equilibrada y sensible a todo lo que le rodeaba. Enrique era muy natural, no era nada exagerado, huía de los grandes reconocimientos, de las “medallitas”, las coronas de laurel y todo eso. Él nació en el barrio del Albaicin, en Granada, y sufrió las consecuencias de la guerra, hijo de una madre soltera y trabajadora. Siempre dijo que fue cantaor porque nació mirando la Torre de La Vela, de la Alhambra. Y te encuentras, al cabo del tiempo, con un tipo que ha trabajado con los más grandes, desde Leonard Cohen a los de Sonic Youth, Enrique creó su propio estilo porque era muy curioso y se fijaba en todo, además tenía ese punto lorquiano de su madre…y luego se vino a Madrid, y de Madrid a Nueva York, como titula uno de sus discos.
—De hecho dio un paso más en la renovación del flamenco, muy cuestionado por los llamados “flamencólicos”, cuando creó esa obra inmortal que se llama “Omega” juntos a los punkis Lagartija Nick de Granada.
Yo creo que mi padre fue genial como artista porque tenía una cualidad excelente como ser humano. Era un animal de la vida, libre y muy respetuoso a la vez. Tenía mucho talento y era un adelantado a su tiempo. Era culto sin necesidad de ir a academias, era curioso y se fijaba en todo lo más grande, un loco de la literatura y es el que a más poetas ha cantado. Desde San Juan de la Cruz a Leonard Cohen, ha cantado a poetas judíos, franceses, americanos…

—¿Y tú, siendo una niña, cómo asistías a ese torrente de creación?
Asistí cono él quiso que asistiera. Desde que tengo uso de razón mi padre fue una explosión, una caja de Pandora continua que procuraba enseñarnos de todo. Ojalá todos los niños del mundo tuvieran un padre como el que yo he tenido. Y como artista es el máximo creador que ha dado el cante flamenco.
—Un genio del flamenco payo, ¿cómo le veían los gitanos?
El decía que era “pollo” (ríe). Enrique no entendía de razas, decía que ahí estaba el flamenco y el que pudiera que se tirara a él. Ni payos ni gitanos, hay artistas. Ahí estaba Camarón, y Manolo Caracol, Marchena, El Lebrijano, ya ves. Mi padre me enseñó el respeto a los maestros. Mi casa estaba todo el día llena de flamencos, pero también de rockeros y raperos y músicos de todo corte.
—¿Qué pensaba tu padre de “Omega”?
Pues mira, le gustaba, decía que se divirtió mucho con los Lagartija pero siempre sostuvo que si se tuviera que quedar con algo se quedaría con la “Misa flamenca”, que compuso, esa manera de bucear en los textos sacros de San Juan de la Cruz o Fray Luis de León.
—¿Qué ha supuesto Madrid en la importancia y evolución del flamenco?
Yo siempre escuché, que lo dijo Chacón, que Madrid era la Corte. Siempre ha existido esa polémica, el cante de Andalucía, Cataluña, Pamplona o el de Madrid. Y en Madrid se han criado y han triunfado muchos flamencos venidos de todos los sitios. Madrid y sus tablaos hizo grande al flamenco.
—¿Te sientes igual interpretando una bulería que una canción de Nina Simone, “Sumertime”, por ejemplo?
Es puro sentimiento y eso es invencible. Siento, al cantar a la Piaff o a la Simone que me estoy adentrando en un mundo de colores diferentes que me sorprenden. Yo canto temas de negros sin ser negra, ¿y qué?, formo parte de esa banda de pillos que van en busca de lo que no es suyo. Yo el flamenco lo he mamado y lo venero, pero cuando interpreto algún tema de Ella Fitzgerald me siento una intrusa que me excita y que viaja a otros mundos que no son suyos.
—¿Te has sentido una diva o una estrella alguna vez?
Ese término me parece bien para determinados personajes especiales que forman parte del mundo del espectáculo. No, yo me considero más una artista multidisciplinar. No pretendo ser Leonardo Da Vinci, pero sí sentirme libre para acercarme sin complejos a distintas disciplinas artísticas. Yo me siento una obrera del arte, en el último escalón donde los obreros esperan para cobrar su salario.
—¿Qué pretendes con tu vida de artista?
Yo necesito comunicar algo a través de mi obra, no quero que mi vida esté vacía y ser la típica niña que ha tenido fortuna para obtener el éxito. Y trasladar a la gente mis sentimientos porque creo que tengo cosas que contar, a mi manera, claro.

—Se acerca la Navidad, Estrella, cuéntanos, ¿cómo eran vuestras navidades granaínas y gitanas?
Yo lo primero que celebro en Navidad es el nacimiento de Jesús, soy muy creyente, no intento convencer a nadie de nada pero aporto mi fe. Y de críos en Granada las navidades eran fantásticas con nuestros villancicos como “Camino al monte”, con nuestras guitarras y panderetas. Pero yo me siento afortunada por tener la cultura andaluza, de Granada, y la de Madrid, que ha sido muy grande para los flamencos.
—¿Cómo tienes pensado, si lo tienes, rematar tu faena artística? Lo que en los toros se llama cortarse la coleta.
Pienso trabajar hasta que no me queden fuerzas, prometo hacer esfuerzos para no perder la ilusión mientras el cuerpo aguante y prometo ser fiel a Dios y a mí misma. Creo en el sentido del perdón y de la justicia y un compromiso con hacer todo el bien posible y productivo para los demás. Ω
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