120 minutos, con un calor insoportable, corriendo como un chaval de 20 años

08-07-2026 10:26 p.m.

Por Jorge Gómez | 🕘 6 minutos de lectura

El fútbol, como la literatura, también tiene sus personajes favoritos. Homero necesitó a Aquiles. Cervantes a don Quijote. La FIFA, sospecho desde hace décadas, siempre ha necesitado un héroe reconocible al que vender como rostro universal del juego. No digo que ese héroe no lo merezca por su talento; digo que alrededor del talento suele levantarse una escenografía que acaba influyendo en la percepción de todos.

En los años ochenta aquella selección era Brasil. La camiseta amarilla parecía envuelta en un halo casi sagrado. Si una decisión comprometida debía resolverse en una dirección, muchos aficionados tenían la sensación de que el viento soplaba hacia la canarinha. Eran todavía las secuelas del efecto Pelé, un futbolista tan gigantesco que terminó proyectando su sombra sobre generaciones posteriores. Todavía hoy muchos recuerdan aquel gol de Míchel que unos vieron dentro y otros fuera, una jugada convertida en símbolo de aquella época donde la polémica viajaba más rápido que las imágenes.

Después llegó Argentina. Llegó Maradona. Llegó la Mano de Dios, los regates imposibles y el mito construido sobre la mezcla de genialidad y tragedia que solo algunos personajes son capaces de protagonizar. Pero aquella luna de miel terminó de la peor manera posible. La carrera del astro argentino quedó también marcada por episodios extradeportivos que forman parte inseparable de su biografía y que recuerdan que incluso los genios son vulnerables.

Quizá por eso observo el Mundial actual con una mezcla de admiración y escepticismo. Nadie puede discutir que Lionel Messi pertenece a esa reducida categoría de futbolistas capaces de decidir un campeonato con un solo gesto. Sería absurdo hacerlo. Sin embargo, también resulta comprensible que haya aficionados que perciban una protección arbitral especialmente intensa alrededor de la vigente campeona del mundo. Una falta que se interpreta de una manera, otra que parece juzgarse de forma distinta, pequeños detalles que, considerados aisladamente, pueden parecer irrelevantes, pero que acumulados alimentan la eterna sospecha del fútbol: la sensación de que las grandes estrellas reciben un trato diferente.

No afirmo que exista una conspiración. El fútbol lleva un siglo alimentándose precisamente de esas sospechas. Antes del VAR se discutía porque no había imágenes; ahora se discute porque hay demasiadas. Antes culpábamos al linier; ahora culpamos al encuadre, al frame o a la interpretación del protocolo. Cambian las herramientas, pero el debate permanece intacto.

Lo que verdaderamente me llama la atención no es tanto el arbitraje como que un tipo como Messi, un jugador que no ha corrido en su vida ni para firmar uno de esos contratos millonarios e insostenibles que arruinó al Barcelona, es que con sus 39 años corra como nunca lo ha hecho. De verdad, nadie se lo pregunta. Yo debo ser muy mal pensado, pero ver al astro argentino en el minuto 120 contra los jugadores de Cabo Verde, que otra cosa no tendrán pero potencia física sí que tienen, corriendo como un chaval de 20 años que salió a jugar en el minuto sesenta, me resulta extraño por lo menos. La historia del deporte está llena de atletas que han prolongado carreras extraordinarias gracias a una preparación física, médica y nutricional cada vez más sofisticada. También está llena de ejemplos que recuerdan la importancia de preservar la igualdad competitiva mediante controles rigurosos y transparentes para todos, sin excepciones derivadas del prestigio o del nombre que figure en la camiseta.

Porque las estrellas pasan. Los ídolos cambian. Hoy es uno; ayer fue otro; mañana aparecerá el siguiente. Lo verdaderamente importante no debería ser quién ocupa el cartel principal, sino que el escenario sea el mismo para todos. Cuando el público empieza a sospechar que unos actúan con focos propios mientras otros representan su papel a oscuras, el espectáculo deja de parecer una competición para convertirse en una obra donde demasiados creen conocer el final antes de levantarse el telón.

Y el fútbol, cuando pierde la confianza de quienes pagan la entrada —o encienden el televisor—, empieza a parecerse menos a una epopeya y más a una novela cuyo desenlace ya viene escrito.

COMENTARIOS

no hay comentarios

Añadir un comentario

Deja tu comentario aquí:
Pozueloin: Usted, ¿de qué se queja?

EXPRESA LIBREMENTE TUS OPINIONES EN EL BUZÓN

Últimos comentarios

El artículo aporta más bien poco. Se habla de que bien estaría la "milla de oro", restaurantes, y otro montón …
Opinión IN La concejalía que podría hacer rico a …
Inversión debería de realizar Vox Madrid en Vox Pozuelo no hay quien entienda el """guisao"" que hay entre Pozuelo y …
Pozuelo de Alarcón VOX critica la gestión del Gobierno local …
¡Viva la Virgen del Carmen!, vivan los anderos que la pasean y la llevan, y la bailan. Vivan las señoras …
Opinión IN El pueblo vuelve cuando llegan las fiestas
¡Viva la Virgen del Carmen!, vivan los anderos que la pasean y la llevan, y la bailan. Vivan las señoras …
Opinión IN El pueblo vuelve cuando llegan las fiestas
Yo fui hoy y he pagado 20 dos personas, pero el impuesto ha venido de forma regular en Pozuelo, no …
Pozuelo en imágenes Una tarde de piscina 47 euros
Ya de paso podían arreglar el túnel paralelo y adecentarlo para peatones y bicis.
Pozuelo de Alarcón Cortes de tráfico en el túnel de …
Lamentables horarios de fin de semana. Durante todo el año. Y en verano mas. Eso no es un servicio público.
Madrid Metro Ligero Oeste adapta sus horarios de …
Magnífico el concierto de Tintinabulum, lo hemos disfrutado mucho .
Pozuelo de Alarcón La Cabaña celebra por todo lo alto …
Para eso es lo único que sale la pintamonas de concejala. Promocio el bar de referencia de Vox , los …
Pozuelo de Alarcón VOX critica la gestión del Gobierno local …