La vida en pandemia: 28 de Junio

29-06-2020 7:06 p.m.

Escribir poesía siempre ha sido un acto revolucionario. Escribir versos en prosa, palabras que delimitan ese espacio personal con la realidad aplicada a todos, a ese entorno desde el cual todos nos sintamos reflejados. Escribir en definitiva es un proceso intimo y personal que a veces se entrega al resto como un tesoro de valor incalculable sea cual sea la calidad de lo escrito.

Vivir es más o menos eso. Vivir es un poema a veces mal rimado e inacabado casi siempre. Vivir son palabras inconexas y a menudo mal interpretadas por el entorno mas estrecho y por ti mismo en demasiadas ocasiones. Son las palabras las que te recuerdan, las que te entregan a la memoria sin mas herramientas que la unión de todas ellas en forma de momentos.

Me gusta eso de los momentos. Hay quien se acostumbra a que la vida son momentos donde la calidad sobrevive a la cantidad. Pequeñas dosis desde donde asomarnos a la felicidad de tal manera que vivimos concentrados al 100% en ese pedazo de vida que nos de aliento para respirar el resto de los días. Y así hasta el siguiente momento. Y mientras ¿la vida sigue? No estoy seguro. En muchos casos se acaba, se agota, se disuelve con otros momentos más duros y menos dulces. Y todo acaba por vencerte. Pero la simple idea es cuando menos para repensarla.

Durante esta pandemia la vida se ha colocado en forma de momentos. Hasta los sueños eran momentos de delicados recorridos por lugares imaginados, apariencia real, palabras reales. Pero ha pasado que estábamos mas confortables con la rutina sea cual fuera. La rutina es nuestra vida. “no te envidio nada” se escucha a menudo. “No te reconozco”. “Vaya movidas en las que te metes”. Yo prefiero seguir con lo de siempre y tan a gustito… Esa es la tónica común a muchas personas. Para que enredarnos en la vida, para que seguir pensando en pandemias. Salgamos a la libertad de la calle a seguir con nuestras vidas encorsetadas. No cuestionemos nada. La vida es mejor sin demasiados procesos críticos. Dejemos eso de pensar para otra pandemia. Ahora salgamos y montémonos en la rueda. Gira sola. No hay problema.

Si, al final todo eran rutinas. Nos gustan. Nos ordenan la vida de acuerdo a la opinión mayoritaria de una sociedad muy enferma. Pero nos sentimos seguros. Ha sido difícil tener que tomar decisiones a veces discordantes para entender el confinamiento como una rutina más. Pero no terminaba de serlo y eso era confuso. Perdíamos la noción del tiempo. Confundíamos amanecer y atardecer. Entendíamos que no estábamos solos pero no terminaban de gustarnos los demás. Teníamos miedo de perder las cosas por las que habíamos luchado. Incluso miedo a perder la vida o a nuestros seres queridos.

Hemos dejado en manos de los demás nuestro día a día. Si, cierto es que somos nosotros quienes organizamos los horarios, las comidas, la diversión… pero el guion esta escrito. Y nosotros rellenamos las casillas del excell que todos tenemos.

Los niños, los deberes, la casa. Ese roce que te provoca inquietud. Los secretos que te roban la vida y te llenan de pasión. La sabia indecisión de quienes son expertos de los momentos difíciles o de las sonrisas sin amor. Un autismo físico que no nos deja tocarnos ni expresarnos libremente. Un recuerdo auxiliar que nos sitúa al lado de los que nos quieren y que nos ubica en el centro de la vida sin mas recursos que pequeñas imágenes navegando por la memoria colectiva.

Una dormida anarquía inunda nuestras calles. Nos mimetizamos con las noticias  de los telediarios. Nos envolvemos en un barniz solidario que no termina de quedarnos bien. Lo autentico ha dado paso a lo artificial.  Las asociaciones de vecinos recogen comida. Los servicios sociales recogen comida. Las ongs recogen comida. Todos terminamos por hacer las mismas cosas. He acompañado a muchas asociaciones y a muchos colectivos. Algunos de ellos se veían sobrepasados por la cantidad de comida recogida. Depositaban cajas en parroquias y ahí organizaban las entregas. Hay lugares donde el control era exhaustivo y otros sitios donde no había ningún control. Lugares donde la administración de la capital había decidido aportar sus recursos y barrios donde decidió que no. ¿Política? EL hambre es política. El paro es política. Los muertos son política. No hay duda de que todo lo es. El sistema se come hasta la solidaridad y nos la muestra como algo mas. Una cosa mas. Un titular menos. Vivimos en una sociedad en la que nos devoramos unos a otros. Si ese titular también esta devorado…

Llevo días sin un rumbo definido. Días de luces en mi cámara y sombras en cada uno de los temas que fotografío. Aeropuertos vacíos pero no tanto.  Colegios vacíos, pero no tanto. Profesores que entran y salen como zombies. No hay alumnos, nos hay griterío, no hay libros. Tras esas paredes no hay colegio. Atrás quedaron las calles llenas de fantasmas o los sonidos agudos de un silencio en retroceso. Atrás días de lluvia fina y luces en descomposición. La pandemia, el virus y sus sombras. Los grises asoman. Las luces se esconden.

Podría parecer un 28 de junio cualquiera. Podría parecer que la vida se disuelve hoy. Confusión y direcciones equivocadas. Podría parecer que el calor todo lo derrite y el frio todo lo conserva. Y claro está,  la culpa la tiene la meteorología. Nosotros somos espectadores una vez mas de la vida. Ella pasa y nosotros andamos por aquí. Podría parecer incluso un acto de masoquismo. Pero nada nos doblega. Nada nos obliga. Tampoco nada nos compromete.

Ojalá las pequeñas conquistas se mantengan algún tiempo junto a nosotros. El cielo azul, los paseos , la música, las conversaciones diarias. Ojala nos veamos de nuevo con esas ganas de vivir que todo lo pueden y la rutina no agote nuestros mas preciados sueños.

La vida se lucha. Nunca quietos. Siempre inquietos. El camino es duro. La recompensa es vivir.