La carta que no me dio tiempo a escribir

29-03-2020 11:34 a.m.

Uno de mis abuelos fue médico militar y el otro farmacéutico, mi padre médico y mi madre enfermera. Mi hermana también es médico y mi hermano pequeño veterinario. Estos días se me parte el alma pensando en ellos, en todos los Sanitarios que están hoy al pie del cañón, médicos, enfermeras, enfermeros, residentes, auxiliares, celadores, conductores de ambulancias… arriesgándolo todo. Me duele cada vez que cae uno de ellos y no puedo dejar de pensar en que sus familiares devastados, que no pudieron velarles ni despedirse de ellos.

Sólo sé escribir, así que he tenido el atrevimiento de escribir la carta que a ellos no les dio tiempo a escribir porque estaban muy ocupados salvando a los demás. Es mi humilde forma de rendirles homenaje y darles las gracias.  #InMemoriam

Por Jesús Castells
Fotografía: Marta Aparicio

Perdonad que me vaya a la francesa, sin decir adiós. Me hubiera gustado despedirme de cada uno de vosotros en persona. Me hubiera gustado abrazaros antes de irme. No os preocupéis por mí, estoy bien. Por fin descanso, han sido días muy duros. Me voy con los deberes hechos y la cabeza bien alta. Mi vocación eran las personas y lo he llevado hasta las últimas consecuencias. He dado mi vida por ellos, he sido coherente hasta el final.

Ya no importa de quién fue la culpa, lo que importa es que vosotros estéis bien y salgáis de esta más fuertes, más humanos y sabiendo las cosas que importan de verdad.

Me voy en paz conmigo mismo y seguiré vivo si sigo estando en vuestra memoria, en vuestros corazones. Sentíos orgullosos de mí, hice todo lo que estuvo en mi mano y más allá, saqué fuerzas de donde no había para salvar a los demás. Me llegó cada aplauso que nos disteis. Mi vida a cambio de salvar sólo a otra persona ya hubiera valido la pena, soy así, he salvado a muchos y por eso, sé que mi sacrificio no fue en balde.

He cogido de la mano a muchas personas, negándome a que murieran solas. Otras hicieron lo mismo conmigo. Y esa mano, casi anónima, me transportó a vuestras manos, a vuestros corazones. Me hubiera gustado que fuera de otra forma, pero eso es lo de menos. Ahora estoy bien.

Os quería pedir perdón por no haber estado a vuestro lado tantas veces, por no haber pasado más tiempo con vosotros, ya sabéis dónde estaba y lo importante que esto era, al menos para mí. Perdonadme por no haber estado ahora, mi sitio estaba aquí.

Sentíos orgullosos y abrid vuestros corazones a los demás, no hace falta que seáis médicos o enfermeras para salvar vidas, se pueden salvar vidas de muchas maneras. Y, por favor, devolvedme un trocito de ese último abrazo que no nos pudimos dar en cada abrazo que deis a la familia; a vuestros hijos, a vuestros hermanos, a vuestros padres, a vuestros amigos y porqué no, a todos aquellos que lo necesiten. A partir de ahora cada vez que los abracéis, me estaréis abrazando un poquito a mí. Eso sí, abrazad fuerte cuando todo esto haya pasado.

No lloréis por mí, he dado mi vida haciendo lo que más quería. Me voy por la puerta grande del corazón. Me voy dando amor a raudales.

Os quiero dar las gracias por estar a mi lado, ha sido maravilloso ser parte de vosotros, de vuestros sueños, de vuestras caídas, de vuestros logros. Sois maravillosos y aunque quizá no os lo dije todas y cada una de las veces, es de lo único que me arrepiento, os quiero a morir.

Y por último os quiero pedir algo loco, coged algo de mi armario, lo que queráis, unos zapatos, una camisa, mi bata… y ponéoslo, coged mi canción favorita, ya la sabéis, subid el volumen a tope y bailad, bailad todos juntos. Cuando os agarréis de la mano, allí estaré yo para deciros que estoy bien, que sigáis adelante y que estamos más unidos que nunca, juntos para siempre.

Cuidaros mucho. Os quiero hasta el infinito y más allá.