Jueves 30 de abril

30-04-2020 9:57 p.m.

Por Ricardo Rubio
“Podrán cortar las flores pero no podrán detener la primavera”.
Pablo Neruda

Me podría haber encontrado en cualquier esquina con ella. Las canciones doblan la calle y te sorprenden después de los años como si nada. Pero siempre hay algo.

Y es que cuando el estrés no te acecha o la rutina se esconde, los pensamientos vuelven. Cuando eres capaz de escuchar la persiana tocando arrebato contra la ventana en una tarde más de indecisa lluvia. Cuando las hojas del olvido se remueven dentro de sus escondites desde que el otoño las abandonara a su suerte. Cuando eres capaz de escuchar tu respiración a trompicones y recuerdas esa conversación de ayer hablando sin parar de esa vida tuya tan repetida. Cuando sientes que el tiempo se acaba, que los días por mas largos que el verano los haga, son cada vez mas cortos. Cuando recuerdas esas caras, esos tiempos de gloria acostados en la falda de aquella pradera. El cansancio nos vencía y la tarde se adueñaba de nuestros sueños mientras todo giraba y giraba. Parecía que nunca se acabaría. Pero al final no importa quien esta si no quien se queda. Puesto que todo se acaba.

Di Caprio nunca fue uno de mis favoritos. De Baz Luhrmann no había oído hablar nunca. Pero su Romeo + Juliet me voló la cabeza. Y su banda sonora mas.

Si no has estado en Verona algo te queda por hacer en la vida. Recuerdo los peces de colores dentro de aquel acuario en ese restaurante con copas de colores. Y sus calles de piedra donde podías reflejar tus pasos hasta llegar al rio. Perdido, escondido entre las sonrisas azules de aquel beso que me dejo clavado Klimt en aquel viaje al Belvedere. ¿Alguna vez te has sentido roto, vacío, sin alma? Se me hace un nudo cuando me preguntan eso.

Hoy todo sucede hacia adentro. Después de 47 días de estado de alarma mis ojos descansan. Hoy miran desde dentro. Hoy preparo los días que vienen: peluquerías que reabren, pueblos que sobreviven al virus con tan solo 50 habitantes, médicos rurales que visitan cada día a sus pacientes, políticos que vuelven a sus estrados. Allá donde vayan ellos, allí volveremos nosotros.

Tengo muchas imágenes grabadas del día. Tengo muchas escenas que se asemejan a otros tiempos. Tiempos no vividos. Lugares y escenas de películas que ahora recorren nuestras calles. Largas colas en los supermercados. Miradas que te recorren entero como si fueras el enemigo. Sospechas en las actitudes de los que te observan. Los sonidos oscuros de los coches. La ciudad al ralentí, a cámara lenta. La vida es una moviola que arranca lenta e irá cogiendo ritmo. Todo el mundo se hace las mismas preguntas Y cada pregunta lleva dentro otras muchas. Como esas muñecas rusas que abres y abres y abres… ¿Cuándo se puede visitar a la familia? ¿Cuándo se puede ir a ver a los amigos?, ¿cuándo podremos salir a tomar algo? y así un sin fin de propuestas encadenadas que nos lleven hasta la vida que este virus nos ha robado.

Alguien me decía hoy que no quería ser un nombre en una lista.  Pero es que la vida son listas. Como cuando te elegían “a pies” en los partidos de futbol del barrio. Y se jugaba con dos jerseys de porterías y el dueño del balón decía ¡alta! y el gol no valía. Toda la vida nos hemos pasado diciendo ¡ alta ¡ y que pocas veces el balón era nuestro.

Estamos a 48 horas de volver a reconocernos por la calle. A vernos de cuerpo entero y no cortados por las ventanas de nuestras casas.

Espero que la magia de ese instante no se rompa por nada.

Ya se oyen los cierres de las puertas. Estamos a nada.