15-06-2015 1:23 p.m.

JUNIO 2015  /  ENTREVISTAS

Del mar a los fogones

15-06-2015 1:23 p.m.

Llegó a Cartagena de Indias navegando, en pie y en solitario en una embarcación de tres metros de eslora desde Florida, batiendo un récord para el deporte patrio. Este es otro de los muchos retos marítimos que ha superado Álvaro de Marichalar (Pamplona, 1961). Estuvimos con él en la presentación de Cocinas Schmidt en Pozuelo, una marca a la que está ligado, y en el anuncio del inicio de la tercera etapa de la expedición “Descubrimiento de Florida y del Pacífico”, en la que navegará desde Colombia a Puerto Rico pasando por casi todas las islas caribeñas

Te enfrentas a la naturaleza más salvaje que te puedes imaginar. La realidad es lo que estamos viendo aquí”, nos señala Álvaro una pantalla de vídeo con un oleaje digno de la película Moby Dick. Allí navega en pie y en solitario. Como siempre. Esa es una de las claves que considera necesaria este marino navarro para afrontar estos hitos que se marca para homenajear a los descubridores de los mares caribeños.

Otro reto: navegar de Italia a Nueva York

Ahí no hay manera de calentarse ya que te caes al agua una media de diez o 12 veces al día. “Siempre que llego con Numancia (su moto, a la que bautizó con ese nombre homenajeando a la ciudad celtíbera que resistió al Imperio Romano en el siglo II a.c.) a cualquier puerto me espera la gente. Eso es una de las cosas que más me gusta: el ánimo de las personas”, nos dice Álvaro, que es un nostálgico, un idealista al que le gusta resistir y conseguir cosas cada vez más complicadas.

Ya intentó cruzar el Atlántico en un par de ocasiones y en ambas fracasó, tal y como él mismo explica. Esos dos fracasos le sirvieron para intentarlo una nueva, con la que sí consiguió el éxito. Todo esto lo explica alrededor de unos fuegos de cocina en los que está realizando un pequeño show cocking para la marca de cocinas Schmidt (avenida de Europa, 32), que cuenta con un total de 50 tiendas en España.

Álvaro promueve la vida sana y los buenos hábitos de conducta. Lleva muchos años haciéndolo, por eso su unión a esta marca, que usa los materiales naturales. Después de hablarnos de sus logros náuticos (siguió las rutas de Ponce de León, de Núñez de Balboa) y de su próximo reto (Colombia, Venezuela y todos los las islas de Centro América hasta llegar a Puerto Rico, homenajeando a los dos nautas anteriores y a Blas de Lezo), Álvaro nos confesó que no cocina, aunque sabe que en algún momento tiene que empezar y cree que este es el mejor.

La cocina de Álvaro

Un total de 12 records son los que tiene Álvaro en el mar, o la mar tal y como los marineros la llaman, durante los 33 años que lleva dedicándose a esta afición. Otro de los records que busca es en la cocina. En el show cocking que realiza junto a una cocinera (él está de pinche y están preparando tres platos: bacalao confitado al pil pil con tirabeques y teja de parmesano; arenques con tomate, y tartar de salmón con zumo de mandarina), Álvaro asegura entre risas que nunca le han conquistado por el estómago y que él tampoco lo ha hecho. Lo ve como una necesidad. No se considera un gourmet, aunque sí que le gustan la comida buena.

Su plato preferido es el gazpacho andaluz. En cualquier momento, no solo en verano. Y el salmorejo cordobés… aunque no lo consigue en sus travesías. Allí lo que come es lo que le dan cuando llega a los distintos puertos. Lo que más busca son los hidratos de carbono para compensar el gasto de energía… agua, pasta, pescado. Me busco la vida en cada sitio, nos dice Álvaro.

A bordo lo que lleva son frutos secos y cinco o seis litro de agua. Y medio litro de agua de la mar (la bebe para recuperar sales minerales), un consejo que le dio José Luis Ugarte, un marino vasco que fue la persona de mayor edad en dar la vuelta al mundo.

Para él, el país donde mejor se come es Japón. Acostumbrado a comer en gran parte de los puertos del mundo, destaca del país nipón su cultura, el trato y la educación de sus gentes y su comida, que está muy compensada. Están muy adelantados conceptualmente. Cualquiera de ellos está en un nivel distinto del resto del mundo. Cuidan todo. No hay suciedad en las calles, la civilización es respetuosa en el cuidado del mundo. Buscan la armonía en absolutamente todo, nos cuenta Álvaro, un enamorado de este país asiático.

Entre charla y charla, Álvaro tiene que atender las indicaciones de la cocinera. Como hombre que se precie, no puede hacer dos cosas a la vez... Se enfunda los guantes para realizar, bajo la atenta mirada de todos los que nos reunimos alrededor de la cocina, las tejas de parmesano que, aunque fáciles de elaboración, le salieron muy bien.
Regresa a nuestra charla. Y nos cuenta sus hábitos alimentarios. Dos litros de agua diarios. Comidas a deshoras, algo que sabe que no es bueno… nuevo parón. Tiene que atender la cocina… hay que sacar las tejas, que las ha puesto a en el horno a 180 grados. Y se atreve con algo más… a contestarnos mientras cocina. Nos dice que ha comido en todos los sitios del mundo, “pero no me he atrevido a comer una serie de insectos que se sirven en Tailandia. La verdad es que no lo he hecho porque no he tenido tanta hambre, pero seguro que se me coge en un momento en el que no he comido nada durante el día, seguro que lo hubiera hecho”, asegura.

Siempre depende de las circunstancias

“En todo momento…”, nos comenta, pero tiene que volver a parar. Vuelve al horno. Tiene que sacar las famosas tejas. Ya lo tiene controlado. Ya están doraditas. Decía Álvaro que “en todo momento tienes que estar convencido de que en todo lo que realizas, haces lo bueno. Eso es lo que te va a servir para que luego un chico que está dudando en tomar o no tomar drogas, decida que no lo hace porque no es lo bueno”. Es el ejemplo que hay que dar y él lo hace.

Por eso se entrena haciendo deporte, andando mucho (a diario camina por lo menos una hora) y entrenando mucho la mente para afrontar los miedos, ya que considera que “es necesario tener miedo y respeto al mar, porque es el pasaporte para afrontar el reto y que te salga bien. Y eso lo hago desde el 82 cuando era estudiante en Estados Unidos”, concluye antes de ponerse de nuevo manos a la obra como pinche. La verdad es que su trabajo en los fogones, hay que decir que un poco escaso, tuvo un magnífico resultado.

Antes de despedirnos de Álvaro, quisimos preguntarle por su restaurante favorito, ya que estamos en uno de los sitios donde hay muchos y de gran calidad, pero no se decanta por ningún restaurante en especial. Ya nos había comentado que lo que más le gusta es la materia prima y el cuidado del producto. “Para mí, eso es lo que hacen en Navarra y en el País Vasco. Es igual que en Japón. Además, da igual que vayas a una tasca o a un restaurante con mucho prestigio. Lo que te dan siempre es lo mejor”, nos cuenta y asegura que lo tiene claro.   Ω