Por Ricardo Rubio - Nueve años después de su última visita a España, Linkin Park volvió a Madrid para demostrar que su historia sigue escribiéndose en presente. Ante cerca de 30.000 personas en el Auditorio Miguel Ríos de Rivas-Vaciamadrid, la banda liderada por Mike Shinoda y Emily Armstrong ofreció un espectáculo cargado de emoción, potencia y una evidente sensación de reencuentro con el público español. Los clásicos como Numb, In The End o Faint fueron recibidos como auténticos himnos generacionales, mientras que los temas de su nueva etapa encontraron un encaje natural en un repertorio diseñado para mirar al futuro sin olvidar el pasado.
Desde el foso, las tres primeras canciones fueron un desafío visual constante. Un escenario gigantesco, pantallas monumentales y un despliegue de luces que por momentos resultó espectacular y por otros excesivo para la fotografía. En el apartado sonoro, el concierto dejó sensaciones encontradas. La contundencia de la banda estuvo fuera de toda duda, pero la mezcla no siempre acompañó, especialmente en algunos momentos donde las voces y las guitarras perdían definición. Aun así, la energía de Emily Armstrong y el liderazgo de Mike Shinoda sostuvieron una actuación que nunca perdió intensidad.
El tramo final fue, sin duda, el más emocionante de la noche. Con miles de móviles iluminando el recinto y un público entregado cantando cada palabra, Linkin Park cerró su regreso a Madrid con una comunión total entre banda y seguidores. Sin embargo, la magia terminó bruscamente al abandonar el recinto. La salida del Auditorio Miguel Ríos se convirtió en un auténtico caos, con largas retenciones y miles de personas atrapadas durante horas en los accesos y carreteras de Rivas-Vaciamadrid. Un final poco digno para una cita de semejante magnitud, que empañó ligeramente una noche que, pese a algunos problemas de sonido y logística, confirmó que Linkin Park sigue siendo una de las bandas más importantes del rock de este siglo.