06-03-2018 6:32 p.m.

MARZO 2018  /  COMENTARIOS

Fuera de cámara: Soledad Arroyo

06-03-2018 6:32 p.m.

Chicos malos
@SoledadArroyoTV

Niños que roban, que intimidan a sus padres y madres, que agreden con violencia a adultos o a otros menores, o niños acusados de agresiones sexuales grupales contra compañeros de colegio de menor edad.

Las últimas semanas han ocupado las portadas de los medios de comunicación sucesos protagonizados por menores. Y aunque los delitos cometidos por niños y adolescentes en general se han reducido en nuestro país un 13% (según datos de la Memoria de la Fiscalía), sin embargo han aumentado aquellos en los que se registran agresiones físicas.

Es decir, son más violentos.

¿Qué está ocurriendo con nuestros jóvenes?

Para muchos expertos la clave está en la falta de límites, pero sobre todo en la falta de control del tiempo de ocio. Según Ángel Peralbo, Director del área de Adolescentes del gabinete psicológico Álava Reyes, nuestros jóvenes “pasan mucho tiempo solos, pero sobre todo pasan mucho tiempo haciendo cosas sin la supervisión de un adulto. Indirectamente les hemos otorgado una capacidad crítica que no tienen. El proceso de madurez aún no se ha dado. Pero les dejamos a su alcance herramientas que les vienen grandes. Por ejemplo acceso a internet, a pornografía, a comunicación con sus iguales prácticamente a cualquier hora del día e incluso comunicación con personas desconocidas”.

La escena se repite en todos los hogares. Mientras los padres se sientan en el salón de casa en torno a un televisor, los jóvenes y adolescentes, se recluyen en sus dormitorios frente a ordenadores y tablets, se aíslan con auriculares y disfrutan de un índice de intimidad del que no disfrutaron sus progenitores. El consumo de material audiovisual es indiscriminado: ven lo que quieren, oyen lo que quieren y leen lo que quieren sin que, en la mayoría de los casos, los padres sepan siquiera qué páginas y sitios web visitan.

Pocos adolescentes están preparados para tener un consumo crítico. “No se trata de arremeter con internet –señala Peralbo-. No sería justo. Internet es un medio, es un altavoz. Otra cosa son los controles. Debemos ser los adultos los que presionemos para que los responsables de los sitios web pongan esos controles, que sean eficientes y que los padres puedan manejarlos. La gran ventaja de Internet, la libertad total de acceso a la información, es también su gran pecado: los menores acceden a toda clase de informaciones: buenas, malas y regulares”.

Y no sólo en la red. Los expertos señalan que la falta de límites en casa está en el origen de muchos de los problemas de agresividad que se registran a edades tempranas. Los niños deben educarse sabiendo lo que pueden y lo que no pueden hacer, sabiendo qué actitudes son adecuadas con sus semejantes y con sus mayores, sabiendo quiénes ostentan la autoridad y sabiendo también ponerse en la piel del otro.

El psicólogo señala que es una tarea larga y tediosa, pero clave. “Son las personitas que están llevando a cabo aprendizajes que les servirán para gestionar sus relaciones los próximos años. Si lo aprenden mal, lo trasmitirán mal. Y entonces nos habremos equivocado. Hemos dejado de ejercer el control y lo que habría que hacer es tomar partido cuanto antes. Pero si no se ha hecho pronto, se puede hacer en cualquier momento. Nunca es tarde.

A menudo desde los medios de comunicación nos empeñamos en poner el foco sobre familias rotas, procedentes de estratos socioeconómicos deprimidos o con problemas de adicciones. Pero es una idea errónea. La falta de recursos nada tiene que ver con la falta de principios. Es más, es frecuente que a las consultas de psicólogos lleguen jóvenes, de familias sin ningún tipo de problemas, con rasgos agresivos incontrolables que convierten la convivencia familiar en un infierno. Padres demasiado protectores o demasiado permisivos, padres poco exigentes durante la infancia que permiten a sus hijos actitudes inapropiadas a la espera de que crezcan. Sin embargo, lo que consiguen son pequeños dictadores que después les hacen la vida imposible.

Pero no sólo los padres tienen responsabilidad sobre lo que está pasando. “Entiendo que todo el entorno tiene una parte de responsabilidad –señala Peralbo-. Los padres en primera instancia: son los más cercanos y los que observan estos comportamientos si están atentos. Pero el entorno es más amplio. El colegio es el contexto donde se produce toda la socialización y también donde se registran este tipo de dificultades. Y además ellos mismos. Los propios menores. Van desarrollando su responsabilidad a medida que se hacen mayores”.

Si nos fijamos en uno de los casos más llamativos de las últimas semanas, nos daremos cuenta de que no hay “chicos malos”, sin una historia que lo explique. El 2 de febrero un menos de 9 años llegó del colegio explicando que varios compañeros le habían violado. Un exámen forense del menor confirmaba su denuncia y de inmediato se ponían en marcha los protocolos de denuncia y protección de la víctima. Y el caso saltaba a la opinión pública con titulares espeluznantes. Todos nos preguntamos qué está pasando. Incluso algunos responsables políticos, como la presidenta de la Junta de Andalucía, mostraban su horror ante lo sucedido.

Niños violando a niños. En el centro escolar de Chilluévar, donde supuestamente sucedió la agresión sexual, se determinó la expulsión de los menores denunciados: tres hermanos y un primo, todos menores y por lo tanto no imputables ante la justicia. El caso se archivaba.

Rascando un poco sobre la noticia, averiguamos que los niños no han tenido una infancia adecuada. Los tres hermanos nunca tuvieron padre, les abandonó y su madre murió con 27 años. Su abuela ha sido la que les han intentado educar, pero ha sido incapaz de ponerles límites.

Peralbo señala que “estamos ante situaciones alarmantes que reflejan la presión del grupo y la falta de valores que están teniendo estos críos. Cuestiones como la sexualización temprana que no es nueva, se viene produciendo, lo que pasa que se destapa en momentos cruciales. Lo que sí parece nuevo es llegar al extremo. ”
Por eso la recomendación no puede ser otra que la supervisión. “Hay que saber lo que ven nuestros hijos. Y hay que enseñarles el auténtico valor del sexo y de las relaciones personales”.

No son “chicos malos” sin más. Son chicos buenos pero sin recursos emocionales adecuados para relacionarse con su entorno y para crecer de forma sana. Chicos que han crecido fuera de los límites de lo que socialmente es aceptable. La responsabilidad es de todos. De sus familias, por supuesto, pero también del grupo: de la familia extensa, de los profesores, de los vecinos y de los amigos. En esto, como en el caso de la violencia de género, todos debemos estar alerta y tratar de arrimar el hombro.   Ω

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