07-03-2017 6:15 p.m.

MARZO 2017  /  EL BAÚL DE KATY

Santiago Abascal

07-03-2017 6:15 p.m.

“Nunca he tenido miedo a morir”
Por Katy Mikhailova
@katymikhailova

El presidente de VOX concede una de las entrevistas más íntimas y cercanas. Dejamos a un lado su faceta política y nos centramos en la esencia de Santiago Abascal como hijo, padre, marido, amigo, y, en suma, persona.

Una España unida es su principal sueño. Fiel amante de la naturaleza, pero aún más del paisaje humano, la política es la mejor manera de conocer gentes y esas muchas españas que conforman una sola. Él es Santiago Abascal. Un político entregado que ha pasado del PP a presidir y formar parte de la fundación de VOX.

Llega puntual a la Bodega de la Salud (Calle Jesús Gil González, 36). Aparca su moto en la entrada, y con una sonrisa de oreja a oreja, entra en el local. No duda en elogiar las carnes de la Bodega, pues no es su primera vez.

Santiago es un hombre que se enfrentó a Mariano, en 2013, para (en palabras del político) “recuperar los valores abandonados por el PP”. 1999 es la cifra que figuraba en su carnet de afiliado que le ha acompañado durante décadas hasta que hace 3 años abandonó el partido.

Podría tratarse de una estrategia de marketing o de un romántico idealista que cree que está aquí para sacarnos de la crisis en la que estamos inmersos, más de identidad que de las otras.

Bilbaíno de nacimiento, alavés de sentimiento, y Español por encima de todo. Y, aunque siempre se quiso dedicar a la naturaleza y rechazaba la política, terminó sirviendo al pueblo español.

“Mi infancia olía a cajas de cartón, plástico y ropa. Mi padre era un pequeño comerciante, y me he criado en la pequeña empresa de mi padre. Mi adolescencia la asocio a la naturaleza, a la montaña”, contesta.

Tercera generación de políticos, su abuelo fue alcalde de Amurrio: “él decía que no se dedicaba a la política. En realidad le obligaron, o eso cuenta él. ‘O eres alcalde o te matamos’, le dijeron durante la Dictadura” —Santiago sonríe—. Y es que su padre también vivió la política en Amurrio, siendo concejal y llegando a ser un miembro histórico de Alianza Popular.

ETA era la continua amenaza con la que ha convivido Santiago toda su vida. “La verdad es que nunca he tenido miedo a morir”, confiesa. “Hoy han cambiado las cosas. ETA ya no mata, pero sigue existiendo”, añade. Orgulloso de toda su labor y de sus antepasados y su lucha contra el nacionalismo vasco, Santiago asegura que ha vivido convencido de lo que hacían: “Me sentí participé de una etapa muy importante en la lucha contra el terrorismo”.

“Mis hijos me preguntan si he tenido miedo. Yo he vivido escoltado desde los 23 hasta los 33. Los escoltas eran al principio los amigos de mamá. Debajo del coche en vez de explosivos buscábamos al gato”, cuenta. Y es que Santiago tiene 4 hijos a los que intenta transmitirle los mismos valores que ha aprendido. “Nunca les he transmitido miedo porque no he tenido miedo. Pero yo tengo miedo a tener miedo”, desvela.

Estudió Sociología, por “culpa” de su madre: “quería estudiar algo relacionado con las aves. Me encantan las aves. Algo que tuviera relación con la naturaleza. Así que me metí en Geología y al poco tiempo lo dejé porque no me gustaba. Como mi madre me había obligado a rellenar otras opciones para la carrera universitaria, empecé a ir a charlas de política de la Universidad de Sociología, y me gustó tanto que ahí me quedé”, relata.

De su abuelo ha heredado el valor de la honradez y de su padre, la valentía. “Mi padre es más tranquilo, yo más temperamental”. ¿Fue su temperamento lo que le animó a abandonar a los populares? “No solo es una cuestión temperamental, sino generacional. Mi ruptura no es con el PP sino con la dirección del partido. Ha sido una ruptura muy sopesada y paulatina”.

Y es que Santiago, Santi para los amigos, se afilió con tan sólo 18 años, debido al fuerte Nacionalismo vasco que estaba viviendo. En 1996 ingresó en el Comité Provincial del PP de Álava, y tres años más tarde pasó a formar parte del Comité Ejecutivo. En 2000 fue elegido presidente de Nuevas Generaciones del partido en el País Vasco, cargo que desempeñó hasta 2005, mismo año en el que pasó a ser secretario de Educación del PP en su comunidad.  Con tan sólo 23 primaveras llegó a ser concejal en Llodio (Álava) y le ofrecieron  ser director de la Agencia de Protección de Datos de la Comunidad de Madrid de 2010 hasta 2012; posteriormente en 2013 fue nombrado Director de la Fundación para el Mecenazgo y Patrocinio Social, un departamento que no le motivaba demasiado.  En noviembre de 2013 abandonó el PP por estar en desacuerdo con las nuevas políticas de Mariano Rajoy, siendo “la excarcelación de criminales” —en palabras de Santiago— “la gota que colma el vaso”.

“No me arrepiento de haberme ido del PP”, afirma con contundencia. Ahora, VOX sigue siendo su día a día.

Santiago es sencillo, amable, abierto y sin complejos. No duda en pedir los pimientos y disfrutar de la famosa tortilla de patatas del local, mientras recuerda uno de los momentos que con más cariño guarda de su infancia: “los bocadillos de tortilla de patata con chorizo que me hacía mi abuela cuando iba a la montaña y mi primo mirándome con mucha envidia porque su merienda debía de ser peor que la mía es una de las imágenes que se me vienen a la cabeza de cuando era un niño”.

Gran apasionado de los medios, en los últimos años Santiago ha cultivado su faceta como tertuliano en diferentes platós de televisión. De dónde venimos, dónde estamos, adónde vamos, qué esperamos es uno de los lemas de nuestro invitado.

Enganchado a las redes sociales, con un nulo acento vasco y ningún ahivalaostia que hace que uno olvide que Santiago es vasco, saluda a todo aquel que se le acerca y lamenta que se encuentra con gente que dice adorar su programa pero después votar a los populares.

“La sociedad vasca está enferma de odio y de cobardía”, afirma. Y es que, a pesar de haberse marchado del PP, guarda muy buenas relaciones en el partido que le vio nacer como político.

“El lujo es pasar el tiempo en mi familia. El compromiso público y esta gran vocación política tiene sus grandes satisfacciones pero también sus contras”, explica. Y es que Santiago no cree en el destino pero sí en la libertad.   Ω