18-02-2015 9:52 a.m.

DICIEMBRE 2012  /  ACTUALIDAD

Juan el legionario, una vida de libro

18-02-2015 9:52 a.m.

Juan Pérez Mata (Madrid, 1953) llegó a Pozuelo hace 45 años para trabajar en el colegio Pinar Prados y, desde entonces, ha pasado “por casi todos los departamentos municipales. Me conocen en todo el pueblo y como además soy extrovertido, la gente me quiere”...

Juan Pérez Mata (Madrid, 1953) llegó a Pozuelo hace 45 años para trabajar en el colegio Pinar Prados y, desde entonces, ha pasado “por casi todos los departamentos municipales. Me conocen en todo el pueblo y como además soy extrovertido, la gente me quiere”, señala. Ahora está de conserje en la biblioteca municipal Rosalía de Castro, atendiendo a los usuarios con su simpatía.

Juan es el conserje antiguo, el que te miraba con seriedad, pero te respondía cada pregunta de forma muy agradable y te acompañaba cuando no sabías dónde estaban las cosas. “Por eso he pasado por tantos departamentos, porque confiaban en mí. Hemos rotado una serie de personas (pocas) por el compromiso de responsabilidad que adquirimos hace tantos años”, asegura Juan el legionario.

Nos dice que tiene tres amores, no dos como cualquier persona. Él es original hasta para eso: “Mi familia, Pozuelo y, sobre todo, la Legión, donde he aprendido muchísimo. No puedo estar en una conversación en la que hablen mal de la Legión y no salte enseguida para defenderla”, asegura con rotundidad. Se confirma.

Es ese tipo de personas que de pequeños nos gustaban porque nos contaba las típicas historias que nos convertían en personajes de leyenda. Pero ahora, a quien va a convertir en leyenda es a él: “Hay una escritora que, oyéndome una conversación sobre la legión, me preguntó si podía contar mi historia. Y en eso estamos”, nos cuenta con orgullo.

Juan también nos da seguridad. Esa que necesitabas cuando llegabas a buscar algo y no lo encontrabas. Te hacía de guía y terminabas encontrándolo. Así es Juan el legionario, el conserje de Pozuelo. “Hace muchos años, en el Ayuntamiento, estaba cerrando las dependencias y apagando las luces porque eran más de las 9 de la noche. Entonces oí un grito aterrador de una chica. ¡Juan, Juan, no apagues, que estoy aquí! Inmediatamente encendí las luces y la tranquilicé, aunque estaba destrozada. Continué con mi trabajo y al volver para acompañar a la chica a la calle, ya no estaba. Desapareció sin más y no la he vuelto a ver”, concluye Juan.